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LA SALUD PÚBLICA EN RÍO NEGRO: ENTRE EL RELATO DE LA “MODERNIZACIÓN” Y LOS BALDES PARA JUNTAR AGUA

Mientras el Gobierno provincial multiplica anuncios, inauguraciones y discursos sobre una supuesta transformación del sistema sanitario, pacientes y trabajadores denuncian falta de turnos, escasez de especialistas, hospitales deteriorados, guardias saturadas, salarios insuficientes y violencia cotidiana. La pregunta es inevitable: ¿dónde está la modernización que anuncia el Gobierno?

Hay una escena que resume, quizás mejor que cualquier discurso político, el estado de la salud pública en Río Negro.

Un hospital es inaugurado o ampliado con bombos y platillos. Las autoridades cortan cintas, sonríen para las cámaras y hablan de inversión, progreso y modernización.

Dos días después, los vecinos comienzan a juntar firmas porque faltan médicos.

Eso ocurrió en Chimpay.

La ampliación del hospital fue presentada como una obra que debía marcar un antes y un después. Pero apenas pasaron un par de días, la comunidad volvió a poner sobre la mesa el problema que realmente le preocupa: quién los va a atender cuando necesiten un médico.

Y la escena tuvo un detalle que resulta particularmente revelador. Uno de los lugares donde los vecinos podían acercarse a firmar el reclamo era la mesa de entradas del propio municipio.

El dato adquiere todavía mayor relevancia porque el intendente de Chimpay es trabajador de la salud. Es decir, conoce perfectamente la realidad que atraviesan los usuarios y quienes sostienen diariamente el sistema sanitario.

Entonces aparece la pregunta incómoda: ¿de qué sirve inaugurar una ampliación si después no hay médicos suficientes para atender a la población?

La salud pública no se sostiene con cintas de inauguración.

Se sostiene con profesionales.

Con especialistas.

Con enfermeros.

Con insumos.

Con salarios dignos.

Con edificios seguros.

Y, sobre todo, con políticas públicas que permitan que una persona pueda conseguir un turno cuando lo necesita.

EL TURNO QUE NUNCA APARECE

Para miles de rionegrinos, acceder a la salud pública se convirtió en una carrera contra el reloj.

Los turnos se agotan prácticamente desde el minuto uno. Conseguir una consulta con un especialista puede transformarse en una espera interminable. Y cuando finalmente se consigue una cita, muchas veces el tiempo transcurrido convierte el problema de salud en una situación todavía más compleja.

La falta de especialistas es uno de los reclamos que más se repiten.

No es una cuestión abstracta.

Es una persona que necesita un diagnóstico.

Es un paciente que espera una consulta.

Es una familia que no puede pagar una atención privada.

Es alguien que mira el teléfono esperando que aparezca un turno que nunca llega.

Mientras tanto, desde el Gobierno provincial se insiste en un relato de modernización y avances.

Pero hay una pequeña dificultad: ese relato no coincide con lo que cuentan los usuarios.

Tampoco coincide con lo que denuncian los trabajadores.

Y mucho menos con las imágenes que aparecen dentro de los propios hospitales.

EL HOSPITAL QUE TIENE BALDES PARA LAS FILTRACIONES

El sindicato ASSPUR – FESPROSA Río Negro volvió a poner el dedo en una herida que el discurso oficial parece empeñado en ocultar.

Mientras el Gobierno habla de inversiones millonarias y de “modernización”, en el Hospital Francisco López Lima de General Roca continúan apareciendo problemas que deberían resultar inadmisibles en cualquier sistema sanitario que pretenda presentarse como moderno.

Techos que se caen.

Filtraciones.

Una calefacción central que no funciona.

Y baldes para contener el agua.

La postal es difícil de conciliar con el relato oficial.

Porque la modernización puede tener muchas definiciones, pero difícilmente alguien pueda considerar moderno un hospital donde los trabajadores deben convivir con filtraciones y donde se utilizan baldes para evitar que el agua termine inundando los espacios de atención.

ASSPUR sostiene que la situación no puede seguir presentándose como una excepción.

Y allí está el punto central de la denuncia.

Si se tratara de un hecho aislado, podría hablarse de una contingencia.

Pero si los problemas se repiten, si los trabajadores denuncian deterioro edilicio, si los pacientes enfrentan dificultades para acceder a turnos y si las comunidades reclaman médicos, entonces el problema deja de ser una excepción.

Se convierte en una política.

O, peor aún, en la ausencia de una política.

CUANDO LA VIOLENCIA EN LOS HOSPITALES SE VUELVE COTIDIANA

El escenario se completa con otro fenómeno cada vez más preocupante: la violencia contra los trabajadores de la salud.

ASSPUR denunció recientemente un episodio ocurrido en el Hospital Francisco López Lima, donde un acompañante habría intentado agredir físicamente a trabajadores de la guardia y otras personas tuvieron que intervenir para evitar que la situación pasara a mayores.

El sindicato fue contundente: la violencia dejó de ser un hecho excepcional.

Y eso debería encender todas las alarmas.

Porque cuando una guardia está saturada, cuando faltan trabajadores, cuando los pacientes esperan durante horas, cuando no hay respuestas suficientes y cuando la demanda supera ampliamente la capacidad del sistema, la tensión aumenta.

Y quienes terminan enfrentando esa tensión son, muchas veces, los mismos trabajadores que también padecen las deficiencias del sistema.

El médico.

La enfermera.

El administrativo.

El personal de guardia.

El trabajador que está detrás de una ventanilla intentando explicar que no hay turnos.

Son ellos quienes quedan expuestos.

Son ellos quienes reciben los insultos.

Son ellos quienes sufren las agresiones.

Y son ellos quienes, muchas veces, trabajan con salarios que no alcanzan y en condiciones que el propio sindicato califica como inadmisibles.

EL RELATO CONTRA LA REALIDAD

El Gobierno puede inaugurar obras.

Puede anunciar inversiones.

Puede organizar conferencias de prensa.

Puede hablar de modernización.

Pero hay algo que no puede controlar: la realidad cotidiana.

Y la realidad aparece cada vez que un vecino intenta conseguir un turno.

Aparece cuando una comunidad tiene que juntar firmas para reclamar médicos apenas dos días después de una inauguración.

Aparece cuando un hospital necesita baldes para contener filtraciones.

Aparece cuando una guardia está saturada.

Aparece cuando un trabajador es agredido.

Aparece cuando un profesional decide abandonar el sistema porque su salario no le permite vivir dignamente.

El problema es que la propaganda política puede ocultar una realidad durante un tiempo.

Pero no puede reemplazarla.

Y la salud pública rionegrina parece estar llegando precisamente a ese punto donde el relato oficial comienza a perder la batalla frente a la evidencia cotidiana.

¿DÓNDE ESTÁ LA MODERNIZACIÓN?

ASSPUR reclama al ministro de Salud, Demetrio Thalasselis, y al Gobierno provincial un Plan Provincial que permita atender la demanda de la población y garantizar condiciones dignas y seguras.

El reclamo incluye personal e insumos suficientes, infraestructura adecuada, seguridad permanente y capacitada, protocolos frente a hechos de violencia, sistemas de alerta y respuesta inmediata y una urgente convocatoria a una Mesa de Salud.

No parece demasiado pedir.

De hecho, debería ser lo mínimo.

Porque la salud no puede depender de la capacidad de un ciudadano para conseguir un turno en los primeros minutos de habilitación.

No puede depender de que una comunidad tenga que salir a juntar firmas para conseguir médicos.

No puede depender de que los trabajadores soporten agresiones.

Y mucho menos puede sostenerse sobre hospitales donde los techos se caen y los baldes reemplazan a las soluciones estructurales.

La verdadera modernización no se inaugura con una cinta.

Se demuestra todos los días.

Se demuestra cuando hay médicos.

Cuando hay especialistas.

Cuando hay turnos.

Cuando hay insumos.

Cuando los trabajadores cobran salarios dignos.

Cuando un hospital es seguro.

Cuando un paciente puede ser atendido sin esperar meses.

Y cuando quienes sostienen el sistema pueden hacer su trabajo sin miedo a ser agredidos.

Hasta entonces, el Gobierno podrá seguir hablando de modernización.

Pero mientras los vecinos sigan juntando firmas para pedir médicos y los trabajadores sigan colocando baldes debajo de las filtraciones, el relato oficial seguirá chocando contra una realidad imposible de maquillar.

Porque en Río Negro, la salud pública no necesita más discursos. Necesita respuestas.

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