Home / VALLE MEDIO / (AUDIO)Sábados de feria, sol y esperanza en Choele Choel

(AUDIO)Sábados de feria, sol y esperanza en Choele Choel

En Choele Choel, los sábados ya no son un día más. Desde las 15.30 y hasta que cae la noche, el predio ubicado a la vera de la avenida San Martín se transforma en un pequeño universo donde conviven la venta, el trueque, la música y, sobre todo, la necesidad de salir adelante.

Detrás de esa movida que reúne entre 70 y 80 feriantes están Nancy Coronel y Azucena, dos mujeres que no se presentan como dirigentes, pero que en los hechos lo son. La historia comenzó casi en soledad: una mesita frente a la casa de Nancy, en una plaza. “Yo empecé sola, y después se fueron sumando”, cuenta con naturalidad. Lo que nació como un gesto individual se convirtió, sin plan estratégico ni estructura formal, en una red comunitaria que hoy es referencia.

De la plaza al convenio firmado

El camino no fue lineal. Hubo tensiones, mudanzas obligadas y conversaciones con el municipio. En un momento debieron trasladarse a un terreno privado, hasta que lograron algo que para Nancy era clave: “Que nos firmaran un papel, porque las palabras se las lleva el viento”.

Image

Hoy cuentan con un convenio vigente hasta noviembre de 2026, que les da previsibilidad para trabajar en el predio donde también funcionan otras ferias. No pagan alquiler al municipio, pero sí se organizan puertas adentro: cada puesto aporta mil pesos. Con eso cubren la limpieza de los baños, compran insumos, pagaron la instalación de agua potable —tres canillas incluidas— y hasta sostienen un servicio de Wi-Fi comunitario para que los emprendedores puedan hacer transferencias.

No es improvisación. Es autogestión.

¿Competencia desleal? Ellas responden con hechos

En tiempos donde todo se discute en redes sociales, la feria no escapó a críticas aisladas que la señalan como “competencia desleal”. Sin embargo, Nancy es clara: “No hemos recibido presiones ni hostigamientos”.

Lo que se vende allí difícilmente compita con grandes estructuras comerciales: ropa de segunda mano, plantas, útiles escolares, mochilas, zapatillas, artesanías, pequeños emprendimientos. Precios “de feria”, como ellas mismas los definen. Y cuando no hay venta, hay trueque. Si una necesita lo que la otra tiene, intercambian. Ambas ganan.

En un contexto económico áspero, la feria funciona como termómetro social: se vende lo que sobra en casa, lo que ya no se usa, lo que puede transformarse en una moneda más para pagar la verdulería o reinvertir el sábado siguiente.

Mucho más que vender

Pero reducir la feria a una transacción económica sería quedarse corto. Allí se comparten datos de la farmacia de turno, se difunden servicios de taxi o Uber, se pasan contactos de especialistas médicos, se ayuda a quien perdió un documento. Hay una joven que estudia para DJ y musicaliza “a la gorra”. Otra hace trencitas. Algunos reparten tarjetas ofreciendo oficios.

Es mercado, sí. Pero también es club social.

Entre los puestos hay jóvenes estudiantes —incluso chicas que cursan Veterinaria—, personas mayores, trabajadores independientes y hasta un joven con discapacidad que viaja desde el barrio Maldonado para montar su espacio. La diversidad es parte de la identidad.

La jubilación mínima y la dignidad

Nancy es jubilada de la mínima. No dramatiza, pero tampoco maquilla la realidad. La feria le permite “darse pequeños gustos” y complementar ingresos. Habla de resiliencia, de haber atravesado otras crisis, de aprender a ajustar cuando hace falta y disfrutar cuando se puede.

No romantiza la necesidad. La enfrenta con actitud. “Es muy bueno para la cabeza”, dice. Salir, tomar sol, conversar, escuchar música. No quedarse encerrada mientras los problemas crecen en silencio.

En su caso, haber construido su casa y generar un ingreso extra alquilando parte de ella le permite sostenerse. “Yo hablo de mi realidad”, aclara, consciente de que no todos corren con la misma suerte.

Una economía que se organiza desde abajo

La feria funciona únicamente los sábados, porque entendieron que es el día en que más gente puede acercarse, mate en mano, sin interferir con changas o trabajos ocasionales. El espacio se respeta: quienes no asisten avisan, para que otra persona pueda ocupar el lugar. Hay orden, reglas básicas y diálogo permanente con el municipio.

Image
IMAGEN ILUSTRATIVA REFERENCIAL

No tienen “poder de policía”, como dice Nancy, pero sí rondines habituales los sábados y una convivencia tranquila. La autoridad, aseguran, es respetuosa.

En tiempos donde la economía formal excluye y la informal crece a la fuerza, la feria de la avenida San Martín no es una postal pintoresca: es una respuesta concreta. Es la demostración de que, cuando el bolsillo aprieta, la comunidad se organiza.

Entre mesas plegables, gazebos, mates y música, los sábados en Choele Choel tienen otro pulso. Uno que late con esfuerzo, solidaridad y esa mezcla tan argentina de rebusque y esperanza.

Deje un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *