Mientras el Gobierno provincial invoca “criterios objetivos” para actualizar índices con tres décadas de desactualización, Choele Choel —municipio leal al oficialismo— enfrenta un recorte del 15% que obliga a preguntarse: ¿quién paga el costo político del ajuste?
En la arena del federalismo interno, los números nunca son inocentes. Y menos cuando, bajo el manto de la “actualización técnica”, se recortan recursos a municipios que, como Choele Choel, han sostenido con lealtad los colores del partido provincial durante casi una década. El nuevo esquema de coparticipación anunciado por el Gobierno de Río Negro no solo modifica coeficientes: desnuda una lógica de poder donde la fidelidad política parece valer menos que una planilla de cálculo.
El intendente Diego Ramello, con la prudencia que exige la circunstancia, no habló de traición. Pero sus palabras —medidas, institucionales, firmes— dejan entrever la incomodidad de quien ve peligrar servicios esenciales para su comunidad mientras se le pide que “confíe en el proceso”. “Una reducción del 15% en los recursos coparticipables obligaría necesariamente a revisar proyecciones y prioridades”, advirtió. Traducción: menos asfalto, menos iluminación, menos contención social. Menos Estado donde más se necesita.
Desde Viedma, el discurso oficial se viste de pedagogía federal. El gobernador Weretilneck asegura que “no venimos a imponer nada”, que el objetivo es “transparencia” y “criterios técnicos”. Y es cierto: los índices vigentes son una reliquia arqueológica —población de 1991, recaudación de los ’80— que claman por una puesta al día. Pero la pregunta que resuena en los pasillos municipales es otra: ¿por qué la “equidad técnica” golpea precisamente a quienes no han abandonado la barca oficialista en los momentos de tormenta?
La ironía es gruesa. Choele Choel, que ha exhibido una gestión fiscal “responsable y equilibrada” —según reconoce el propio Ramello—, ahora debe justificar cada peso mientras se le reduce el oxígeno financiero. Mientras, el Gobierno provincial convoca a “mesas técnicas” y “diálogo institucional”, como si el problema fuera de metodología y no de distribución del poder. Participan los 39 intendentes, se citan censos actualizados, se prometen criterios objetivos. Todo muy democrático. Todo muy prolijo. Pero mientras se debate la forma, el fondo duele: hay municipios que pierden, y otros —los menos visibles, los menos alineados, o simplemente los más débiles— son los que pagan la factura.
En un contexto nacional de retracción económica y caída de la recaudación, Río Negro presume de “orden fiscal”. Loable. Pero el federalismo no se fortalece con discursos de unidad mientras se aplican tijeras selectivas. Si la actualización de índices es tan técnica y necesaria, ¿por qué genera tanta resistencia entre intendentes de todos los signos? Quizás porque, al final del día, la política no es un algoritmo. Y los vecinos de Choele Choel —como los de toda la provincia— no comen con planillas de Excel.
Ramello lo dijo con claridad meridiana: “Actuaremos con responsabilidad, firmeza y respeto institucional para resguardar los intereses de Choele”. Es una declaración de principios. Pero también es una advertencia: cuando la lealtad se castiga con recortes, el pacto de gobernabilidad se resquebraja. Y en ese juego, nadie gana. Menos aún quienes esperan, día a día, que el Estado llegue con respuestas, no con excusas.
La provincia tiene una oportunidad histórica: modernizar su sistema de distribución con equidad real, no con maquillaje estadístico. Pero si el resultado final es que los aliados históricos terminan subsidiando con sus recortes la “estabilidad provincial”, entonces no se trata de federalismo. Se trata de otra cosa. Y los choelenses, que conocen bien el valor del esfuerzo y la resistencia, ya están tomando nota.









