La investigación judicial suma un nuevo capítulo a la mega estafa vinculada al presidente Javier Milei: un jubilado de 75 años, sin domicilio declarado, recibió un millón de dólares digitales desde una cuenta del operador texano Hayden Davis el mismo día en que este se reunió con el mandatario. El dinero fue transferido en minutos a otra cuenta aún desconocida.
La trama del llamado «Criptogate $Libra» no solo crece: se vuelve cada vez más obscena. A la catarata de damnificados internacionales que dejó el derrumbe de la criptomoneda promocionada en el entorno presidencial, ahora se suma un dato que expone la dimensión política del escándalo. Un jubilado de 75 años, sin domicilio declarado, recibió un millón de dólares digitales desde una cuenta vinculada a Hayden Davis, el promotor texano de la operación, apenas minutos antes de que este publicara una foto junto al presidente Javier Milei.
Según pudo reconstruir la Agencia Noticias Argentinas, el jubilado fue identificado como Orlando Rodolfo Mellino, oriundo de Tigre. El 30 de enero de 2025 —mismo día en que Davis se reunió con Milei— recibió un millón de dólares en USDT (una stablecoin equivalente al dólar en el ecosistema cripto). La información llegó desde el exterior, aportada por la plataforma Bitget, que confirmó que una de las cuentas investigadas pertenece a Mellino.
La secuencia es quirúrgica. De acuerdo con uno de los dictámenes del fiscal Eduardo Taiano, “minutos antes” de que Davis publicara su foto con el Presidente en la red social X, dos direcciones vinculadas al empresario texano enviaron USDC 507.500 cada una a una dirección identificada como CPS9, alojada en Bitget. Esa cuenta, establecieron los investigadores, pertenece a Mellino.
La pregunta es inevitable: ¿qué hacía un jubilado sin domicilio declarado recibiendo un millón de dólares digitales de un operador extranjero que acababa de reunirse con el jefe de Estado argentino?
La operatoria posterior refuerza las sospechas. Pocas horas después de recibir el dinero, Mellino —o quien operara su cuenta— transfirió el millón de dólares a otra billetera aún no identificada. La maniobra se ejecutó en cuatro transferencias distintas, realizadas en apenas 13 minutos. Para los investigadores, el esquema podría encajar en un mecanismo de “plataforma de salida”: cuentas puente utilizadas para blanquear fondos y convertir activos digitales en dinero de curso legal.
El contexto agrava todo. Cuando el precio de $LIBRA se desplomó y dejó una legión de damnificados en distintos países, Hayden Davis pagó un resarcimiento al empresario estadounidense Dave Portnoy, quien había perdido cinco millones de dólares en el proyecto. Como Portnoy mantiene sus billeteras virtuales públicas, los investigadores pudieron rastrear la dirección exacta desde la cual Davis efectuó el reembolso, lo que permitió reconstruir el circuito previo de transferencias.
Así, la arquitectura financiera del fraude comienza a mostrar sus engranajes. Transferencias sincronizadas con movimientos políticos, reuniones en Casa Rosada, publicaciones en redes sociales y flujos millonarios que pasan por cuentas de personas sin capacidad económica aparente para justificar semejantes operaciones.
El Gobierno intentó, desde el primer momento, reducir el caso a un emprendimiento privado fallido, desligando al Presidente de cualquier responsabilidad. Sin embargo, los datos duros —fechas, montos, direcciones de billeteras, registros de plataformas internacionales— dibujan un escenario mucho más comprometedor. No se trata de una simple inversión desafortunada: se trata de una estructura financiera que operó con precisión y que ahora roza directamente al entorno presidencial.
La Argentina ha conocido numerosos escándalos de corrupción en las últimas décadas. Pero lo que distingue a este episodio no es solo el monto ni la sofisticación tecnológica, sino la impudicia. En plena era de trazabilidad digital, cuando cada transacción deja huella, la operatoria se realizó prácticamente en simultáneo con una reunión presidencial y fue seguida de publicaciones públicas que hoy funcionan como marcas de tiempo en la causa.
Un jubilado sin domicilio declarado convertido en eslabón de una transferencia millonaria. Un promotor extranjero que posa sonriente con el Presidente el mismo día en que se mueve el dinero. Un token que se desploma y deja víctimas en distintos países. Y una investigación judicial que, paso a paso, comienza a conectar los puntos.
El Criptogate $Libra ya no es una anécdota del mundo cripto. Es un caso político de magnitud, que interpela directamente al discurso de transparencia con el que el actual gobierno llegó al poder. Y que, por la crudeza de sus detalles, amenaza con convertirse en el emblema de una etapa donde la corrupción no solo existe, sino que se exhibe sin pudor.










