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El fantasma Nisman vuelve a escena: la justicia reactiva una trama atravesada por poder, inteligencia y geopolítica

Once años después de la muerte del ex fiscal general Natalio Alberto Nisman, la causa vuelve a sacudir los cimientos de la política argentina. La citación de casi 300 militares y agentes de inteligencia y la revisión de vínculos internacionales reavivan un expediente donde confluyen servicios secretos, poder mediático y disputas geopolíticas que exceden largamente las fronteras del país.

Las investigaciones judiciales vinculadas a las denuncias del ex fiscal general Natalio Alberto Nisman y a las circunstancias de su muerte volvieron a cobrar impulso en los últimos meses. El fiscal Eduardo Taiano ordenó identificar y citar a declarar a unos 90 militares y cerca de 200 agentes de inteligencia, en un movimiento que reactiva uno de los expedientes más controversiales de la historia reciente argentina.

En ese marco también fue convocada a prestar testimonio Viviana Fein, la primera fiscal que intervino en la causa tras la muerte de Nisman en enero de 2015. Según publicó el periodista Horacio Verbitsky en el portal El Cohete a la Luna, el intercambio entre Fein y los investigadores fue áspero, con respuestas en el mismo tono frente a los cuestionamientos sobre los primeros pasos del expediente.

La reactivación judicial se produce once años después de la muerte del fiscal y vuelve a colocar en el centro del debate una trama que siempre estuvo atravesada por intereses políticos, operaciones de inteligencia y presiones internacionales. En ese tablero, la figura de Nisman aparece vinculada a circuitos diplomáticos y financieros que conectaban a la Argentina con actores influyentes de Estados Unidos e Israel.

Los antecedentes de esa red se remontan al menos a 2010. En marzo de ese año Nisman participó en Washington de un congreso del poderoso lobby proisraelí AIPAC, en un panel titulado “Las amistades peligrosas: alianzas de Irán con regímenes criminales”. Allí defendió la hipótesis de una articulación entre el gobierno iraní de Mahmud Ahmadinejad y el chavismo venezolano, tesis que luego extendería al escenario regional.

Durante ese mismo viaje, AIPAC lo vinculó con ejecutivos del grupo periodístico Israel Hayom, propiedad del magnate de los casinos Sheldon Adelson, empresario estrechamente ligado al Partido Republicano estadounidense y al Likud israelí de Benjamín Netanyahu. Entre 2010 y 2014, ese grupo transfirió unos 280 mil dólares a una cuenta de Nisman en el Bank Hapoalim de Colonia, Uruguay. Los fondos fueron justificados como honorarios por conferencias, aunque no existen registros públicos de tales presentaciones ni fueron declarados por el fiscal.

Ese entramado se entrelaza con el tablero político argentino de la época. El 3 de agosto de 2010, ante la posibilidad de una nueva candidatura presidencial de Néstor Kirchner, el CEO del Grupo Clarín, Héctor Magnetto, reunió en su departamento de Alvear y Cerrito al entonces jefe de Gobierno porteño, Mauricio Macri, junto a dirigentes del peronismo opositor para explorar una alianza electoral antikirchnerista. En ese encuentro, el ex presidente Eduardo Duhalde aseguró con optimismo que el kirchnerismo tenía “fecha de vencimiento” en 2011.

Cuatro años más tarde, en junio de 2014, Macri viajó a Israel acompañado por su subsecretario de Derechos Humanos, Claudio Avruj. Parte de la agenda de la visita —centrada en seguridad internacional y finanzas— fue articulada por el propio Nisman, que en el entorno del entonces candidato presidencial era visto como una referencia en materia de supuesta infiltración iraní en América Latina.

Los contactos facilitados por el fiscal permitieron reuniones con referentes de la derecha israelí y un encuentro con el primer ministro Benjamin Netanyahu. En ese marco se cuestionó el Memorándum de Entendimiento con Irán firmado por el gobierno argentino y Macri anticipó que lo impugnaría si llegaba a la Presidencia. En paralelo, el entonces dirigente prometió que la Argentina pagaría la totalidad de la deuda reclamada por los denominados fondos buitre, entre ellos el fondo NML Elliott, presidido por Paul Singer, aliado financiero de Adelson.

La muerte de Nisman, en enero de 2015, volvió aún más opacos esos vínculos. Días después del hecho, en la sucursal del Bank Hapoalim en Colonia se registró un clima de fuerte inquietud entre directivos de la entidad. Semanas más tarde, el banco anunció el cierre definitivo de esa filial a partir de julio de ese mismo año.

La actual reactivación del expediente vuelve a poner en discusión un entramado que excede el terreno judicial. Ya en 2007, los académicos estadounidenses John J. Mearsheimer y Stephen M. Walt advertían en su libro The Israel Lobby and U.S. Foreign Policy que la política de Estados Unidos en Medio Oriente respondía con frecuencia a los intereses estratégicos de Israel antes que a los propios.

En ese contexto, el caso Nisman parece funcionar como una pieza más dentro de una arquitectura mucho más amplia. Una trama donde inteligencia, diplomacia, poder mediático y disputas geopolíticas se entrecruzan desde hace más de una década y que, lejos de cerrarse, vuelve a mostrar que algunas historias en la Argentina no terminan nunca: simplemente esperan el momento político adecuado para volver a escena.

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