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El regreso incómodo del gendarme Gallo: dudas, silencios y una puesta en escena oficial para controlar el relato

Tras su liberación en Venezuela, Nahuel Gallo fue exhibido por Patricia Bullrich en una reunión cargada de simbolismo político, mientras crecen las sospechas sobre la verdadera misión que lo llevó al país caribeño y se multiplican las preguntas que el Gobierno evita responder.

El gendarme Nahuel Gallo, recientemente liberado de su detención en Venezuela, visitó este jueves a la ministra de Seguridad Patricia Bullrich en su despacho en lo que pareció menos un gesto institucional que un intento del Gobierno nacional por encuadrar políticamente el relato de su regreso. La escena, cuidadosamente difundida, llega después de que trascendiera que las gestiones para su liberación no fueron exclusivamente oficiales, sino que también involucraron a la diputada Marcela Pagano, al exembajador Oscar Laborde, a la AFA y hasta a la vicepresidenta venezolana Delcy Rodríguez.

Mientras el oficialismo intenta capitalizar la liberación como un triunfo diplomático, las dudas sobre qué hacía realmente Gallo en Venezuela no dejan de crecer. Las autoridades venezolanas lo habían detenido bajo la acusación de espionaje, y varios indicios alimentan la sospecha de que su viaje no habría sido simplemente para visitar a su hijo y a su expareja, como sostuvo el discurso oficial durante meses.

Las contradicciones se volvieron aún más evidentes cuando el propio Gallo, en su primera aparición pública, afirmó que había actuado “por la patria”, una frase que descolocó incluso a quienes habían sostenido la versión familiar del viaje. “Dijo que iba a visitar a su mujer, pero en la conferencia de prensa habló de la patria. Hay algo que no cierra”, deslizó ante el sitio La Política Online un diplomático que integró el gobierno anterior.

A esto se suma otro dato que inquieta dentro de las propias fuerzas de seguridad: el gendarme habría intentado ingresar a Venezuela en diciembre de 2024 por el paso fronterizo Francisco de Paula de Santander, una vía poco transitada que conecta Colombia con territorio venezolano. El interrogante que circula en ámbitos oficiales es evidente: si se trataba de un viaje personal, ¿por qué elegir un cruce marginal y hacerlo prácticamente en secreto?

En paralelo, el Gobierno mantiene al gendarme alojado en el Edificio Centinela, sede central de Gendarmería Nacional, una decisión que alimenta nuevas sospechas. Según fuentes cercanas al caso, Gallo lleva varios días en ese lugar sin poder regresar a su casa. “Hace cuatro días que lo tienen encerrado en el Centinela y todavía no durmió con su mujer”, señalaron.

Las imágenes difundidas de una cena con la madre de su hijo tampoco ayudaron a disipar las dudas. Según trascendió, el encuentro ocurrió en una oficina del edificio: “Limpiaron un escritorio y les pidieron milanesas con papas fritas”, comentaron testigos.

En ese clima de hermetismo, algunos sectores políticos y legislativos comenzaron a formular preguntas incómodas: qué información pudieron haber obtenido las autoridades venezolanas de los dispositivos de Gallo, qué conversaciones o material pudieron encontrar y, sobre todo, qué tipo de compromisos pudo haber firmado durante su detención.

El episodio también reavivó una vieja tensión dentro del propio oficialismo. A fines de 2024, la vicepresidenta Victoria Villarruel publicó —y luego eliminó— un mensaje en el que afirmaba que ella no habría enviado al gendarme a Venezuela, lo que muchos interpretaron como una crítica directa a Bullrich. La ministra reaccionó con dureza en aquel momento y llegó a calificarla de “cobarde”.

Mientras tanto, la situación personal de Gallo tampoco parece sencilla. Antes de viajar a Venezuela prestaba servicio en Mendoza, pero durante su detención Bullrich gestionó el traslado al país de la madre de su hijo y le consiguió trabajo en el Casino de Oficiales de Gendarmería. Esa decisión, que buscaba aliviar la situación económica de la familia, habría generado tensiones con la madre del gendarme.

Pese al clima de incertidumbre, Bullrich intentó mostrar normalidad. “Sentí la emoción de Nahuel de venir”, declaró ante la prensa tras el encuentro. “Estuvimos charlando un rato largo”.

Gallo, en cambio, volvió a retirarse sin responder preguntas de los periodistas, subido a un vehículo oficial y con la misma expresión de desconcierto que había exhibido en su primera conferencia pública. Un silencio que, lejos de cerrar el episodio, parece profundizar el misterio sobre qué ocurrió realmente detrás de su viaje a Venezuela.

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