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La policía rionegrina redobla la presión y acampa frente a la Gobernación: el conflicto salarial escala y apunta directo a Weretilneck

Tras las primeras manifestaciones, el Consejo de Bienestar ratificó un acampe permanente desde este miércoles a las 10 en Viedma. Reclaman un salario inicial de $1.800.000 y advierten que el conflicto puede nacionalizarse si el Gobierno no abre una mesa de diálogo.

La crisis salarial de la Policía de Río Negro entró en una fase de confrontación directa con el poder político. Luego de las movilizaciones del viernes y la presentación de un petitorio con 14 puntos, el Consejo de Bienestar Policial confirmó que instalará un acampe permanente frente a la Casa de Gobierno en Viedma a partir del miércoles a las 10 de la mañana. La decisión fue ratificada en una reunión virtual y comunicada públicamente por Rubén Muñoz, ex policía y principal referente de la protesta.

La estrategia no es casual: el reclamo se traslada al corazón del poder provincial. “Lo vamos a hacer afuera del lugar de trabajo del gobernador Alberto Weretilneck para que cada vez que abra la ventana vea que su policía le está reclamando un salario que le permita mínimamente comer”, afirmó Muñoz en una transmisión en vivo. El planteo central es concreto: un salario básico de 1.800.000 pesos para el agente del escalafón administrativo, al que consideran hoy en “situación de indigencia”.

La tensión no es nueva. Según denunciaron, en un acampe anterior frente al Ministerio de Seguridad y Justicia un vehículo embistió a tres efectivos y la investigación no prosperó pese a la existencia de cámaras y drones en la zona. “¿Hay alguna manera de mostrar tanto desprecio hacia la familia policial?”, cuestionó Muñoz, en un mensaje que combina denuncia, presión política y apelación corporativa.

Pero el conflicto excede el episodio puntual. Desde el Consejo sostienen que la policía atraviesa una crisis estructural: deterioro salarial, problemas habitacionales, desgaste emocional y conflictos internos que —según describen— ya comienzan a escalar dentro de algunas comisarías por la distribución de servicios adicionales. “La pobreza del salario degrada la cuestión institucional”, advirtió Muñoz, quien habló incluso de tensiones que podrían tornarse físicas entre efectivos.

El trasfondo político es ineludible. Mientras el Gobierno provincial anuncia obras, contratos petroleros y millonarias inversiones vinculadas al corredor de Vaca Muerta y proyectos de GNL, desde el sector policial denuncian que esa riqueza no se traduce en mejoras para los trabajadores estatales. “¿De qué nos sirve tanta mega obra si no estamos adentro de los planes?”, planteó el referente, instalando una narrativa que interpela directamente el modelo de desarrollo que promueve la gestión de Weretilneck.

La advertencia es clara: si no hay una propuesta salarial superadora, el conflicto escalará. Además del acampe en Viedma, ya anticipan medidas en otras ciudades como Bariloche, Roca y Cipolletti, e incluso la presencia en actos oficiales del gobernador. También deslizan la posibilidad de una articulación con sectores de salud y educación, en un contexto donde los estatales atraviesan tensiones paritarias y anuncios de paro.

El Gobierno enfrenta así un escenario delicado: seguridad, salud y educación —las tres columnas vertebrales del Estado— en estado de conflicto. Y con un ingrediente adicional que inquieta en el oficialismo: la nacionalización del reclamo. Muñoz aseguró que el tema ya tuvo repercusión en medios nacionales y que otras provincias observan de cerca lo que ocurre en Río Negro.

El mensaje hacia adentro de la fuerza es de movilización total: activos, retirados, pensionados y hasta comisarios fueron convocados a “perder el miedo” y participar del acampe. “Es ahora o nunca”, insistió el dirigente, recordando que las paritarias ya fueron cerradas y que el salario quedó atado al IPC.

La cuenta regresiva comenzó. Este miércoles, frente a la Casa de Gobierno, la policía rionegrina buscará mostrar volumen y determinación. Del otro lado, el Ejecutivo deberá decidir si abre una instancia de negociación real o si apuesta a desgastar una protesta que, por su naturaleza y por los actores involucrados, tiene un potencial político mucho más explosivo que cualquier otra.

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