A un mes de la desaparición, la comunidad de Lamarque y el sindicato docente UnTER salieron a exigir respuestas. La cúpula policial llegó recién cuando la indignación popular no pudo ser ignorada con idéntica actuación de la justicia. Familiares y amigos mantienen un acampe en el centro de la ciudad
Pasó un mes desde que Kevin Hernández, de 26 años, desapareció la tarde del 22 de febrero y no hay novedades, razón por la que, desde hace algunos días, familiares y allegados, mantienen un acampe en pleno centro de la ciudad. Y mientras su familia vive una agonía sin tregua, la justicia y la policía recién ahora mueven piezas de alto nivel, empujadas por la presión de un pueblo que hartó de esperar. Este lunes, Unter Valle Medio acompañó la marcha en Lamarque con un mensaje contundente: “Porque el tiempo pasa y Kevin sigue sin aparecer. Porque su familia no puede esperar más. Y porque el silencio y la demora también son formas de abandono”.
La Comisión Directiva del sindicato fue clara en redes sociales: “Exigimos a las autoridades la aparición con vida de Kevin Hernández y una investigación seria, rápida y transparente”. Y sentenció: “No vamos a naturalizar la desaparición de un pibe en nuestra comunidad. No vamos a callarnos. Basta de personas desaparecidas en democracia”.
La llegada del Subjefe de la Policía de Río Negro, Elio Tapia, este martes al mediodía, junto a la cúpula policial y la Fiscal Jefe María Belén Calarco, no puede leerse como un gesto protocolar. Fue una respuesta tardía a una semana de reclamos, concentraciones frente al municipio, tensión en la comisaría y quema de cubiertas en el centro de Lamarque. La calle habló. Y recién entonces, los altos mandos pisaron el territorio.
Tapia estuvo acompañado por el Comisario Inspector Víctor Reyes, Director de Investigaciones, y el Comisario Mayor Hugo Milton Almendra, Director de Seguridad. Juntos recorrieron los puntos señalados por la investigación y supervisaron el rastrillaje de la tarde, que involucró a grupos especiales COER, Brigadas Rurales, secciones de canes y efectivos de Villa Regina, Viedma, General Roca y Conesa. Un despliegue amplio, visible, que contrasta brutalmente con la respuesta inicial.
Porque aquí está la grieta que duele: según denunciaron familiares y vecinos, durante la primera semana el operativo fue “escaso, casi simbólico”. Recién al octavo día se habrían destinado alrededor de veinte agentes. Hasta entonces, la brigada local contaba con un solo vehículo y las cámaras del 911 —clave para cualquier investigación— no funcionaban. Mientras tres efectivos rastrillaban el campo buscando a Kevin, el mismo fin de semana se montaba un importante operativo de seguridad para un evento deportivo. La prioridad, a ojos de la comunidad, quedó expuesta sin filtros.
El lunes por la noche, cerca de las 20, la indignación se hizo multitud en la plaza de Lamarque. Familias y vecinos exigieron a las autoridades municipales una búsqueda “seria y con recursos reales”. Luego marcharon hacia la comisaría, con un clima de tensión creciente. La familia de Kevin fue contundente: la búsqueda fue, en gran medida, impulsada por ellos mismos. No fue el Estado quien tomó la iniciativa. Fue el amor de una madre, la solidaridad de un pueblo, lo que mantuvo viva la esperanza.
Este escenario se da en un contexto delicado para la fuerza policial provincial, que atraviesa cuestionamientos internos, acampes por reclamos salariales y una situación crítica para retirados y pensionadas. La crisis institucional no es un dato menor: cuando la conducción política de una fuerza está debilitada, la capacidad operativa y la respuesta ante emergencias se resienten. Y en casos como el de Kevin, cada hora perdida es irreversible.
Hoy la imagen es otra: móviles, uniformes, canes y altos mandos recorriendo la zona. Pero la pregunta que flota en el aire de Lamarque es incómoda y necesaria: ¿por qué fue necesario que el pueblo saliera a la calle para que la conducción policial apareciera en el terreno?
Kevin Hernández sigue sin aparecer. Cada hora que pasa no solo profundiza la angustia de su familia, sino que expone las grietas de un sistema que reaccionó recién cuando la indignación se volvió imposible de ignorar. UnTER Valle Medio lo dijo con claridad: “Buscar a Kevin es una responsabilidad indelegable del Estado”.
La democracia no puede permitirse naturalizar la desaparición de un joven. No puede haber silencio que valga. No puede haber demora que excuse. Aparición con vida ya de Kevin Hernández. El reloj corre. Y la memoria del pueblo también.










