Este 24 de marzo no pasó desapercibido. No podía. Porque cuando un gobierno decide hablar de memoria, pero lo hace para torcerla, lo que está en juego no es el pasado… es el presente. Y la ciudadanía lo dejó en claro este martes, con una movilización histórica que deja en claro qué piensa la sociedad sobre el tema.

El Ejecutivo eligió difundir un video oficial para reinstalar una mirada que la Argentina ya discutió, ya desarmó y ya condenó: la teoría de los dos demonios. Y no es un detalle menor. No es una opinión más en el debate público. Es el uso del aparato del Estado para relativizar el terrorismo de Estado.
Porque acá no hay simetría posible. Sí, hubo violencia de organizaciones armadas en los años ‘70. Sí, hubo secuestros y asesinatos. Pero en un Estado de Derecho, incluso el peor criminal tiene un destino claro: ser detenido, juzgado y condenado.
Eso no ocurrió.
Lo que hubo fue otra cosa. Fue un plan sistemático. Fue secuestro, tortura, desaparición, apropiación de bebés. Fue clandestinidad para evitar el rechazo internacional. Fue una maquinaria diseñada para exterminar.
Treinta mil desaparecidos no son una exageración retórica. Son la dimensión de un horror planificado. Más de 500 bebés apropiados no son daños colaterales: son parte de un dispositivo de aniquilación social.
Y entonces aparece la pregunta incómoda: ¿por qué insistir con esta reinterpretación de la historia?
Porque no es ingenuo. Nunca lo es.
Distorsionar el pasado no es un error: es una estrategia. Es preparar el terreno para la impunidad. Es suavizar la figura del genocida. Es correr el eje de la responsabilidad.
Pero hay algo más profundo todavía. Porque detrás de los uniformes hubo intereses. Hubo poder económico. Hubo sectores que se beneficiaron con el terror. Que necesitaban disciplinar a la sociedad para imponer un modelo económico.
Y esos sectores nunca se sentaron en el banquillo.
Acciones económicas de golpe: Devaluar la moneda, aumentar las tarifas públicas y el combustible en un 175%. Esto produjo una inflación muy grande. ¿Se parece a lo que pasa hoy?
El plan económico de Martínez de Hoz: Violenta transformación del sistema productivo de la Argentina. Esto tenía dos estrategias, por un lado el plan económico, y por el otro lado la represión.
En América Latina es cierto que todos los países se endeudaron en ese momento, pero algunos lo hicieron para impulsar su desarrollo, mientras que en el caso de la Argentina se contrajo deuda para destruir el aparato productivo. ¿Casualidad con lo actual?
¿Cuánto se parece ese pasado a este presente?
¿cómo se produjo el mayor disciplinamiento sobre el pueblo argentino? ¿Estamos repitiendo la historia?
Muchos de los que participaron en el golpe del 76 habían participado del golpe del 55, pero también porque los bombardeos de junio de 1955 pueden ser considerados como el primer ejercicio terrorista de la Argentina. Los comandos civiles toman radio Mitre y lanzan una proclama. “La tiranía ha muerto. Viva la libertad!! ¿Casualidad con el Viva la Libertad de ahora?
La dictadura no fue solo un proyecto represivo. Fue también un proyecto económico. Y cuando hoy se intenta blanquear su accionar, lo que también se está intentando legitimar es esa matriz.
Por eso este debate no es sobre el pasado. Es sobre qué país se quiere construir.
La memoria no es un ritual vacío. Es un límite. Es una línea que no se cruza.
Porque cuando el Estado empieza a justificar sus peores crímenes… lo que viene después, ya lo conocemos.
El Poder Real nunca fue juzgado y fue el titiritero de esa película del horror real. Eran la cara visible de ese plan macabro. Y fueron juzgados y encarcelados. Lo mismo esperamos hoy que suceda con las caras visibles de este nuevo intento y propongo al menos 2 apellidos comprometidos con ese plan: Macrei y Milei.
Si esperaban poder instalar el relato, les aviso que les salió mal. También les aviso que, la Argentina, a esa historia, ya decidió no repetirla.
(Por Rubén Larrondo. Editorial radial del programa La Oveja Negra, por Radio IDENTIDAD)










