Mientras vecinos del barrio Maldonado conviven con el temor a una nueva tormenta y calles sumidas en la oscuridad, EDERSA y el municipio eluden dar explicaciones sobre fallas en los sistemas de protección que debieron evitar que un rayo ingresara por la red eléctrica y pusiera en riesgo vidas humanas.
Siete días después de que una descarga elétrica de una tormenta ingresara por la red eléctrica y provocara un principio de incendio en una vivienda del barrio Maldonado, la calle Currú Leuvú permanece sumida en la oscuridad, sin luminarias funcionales, mientras EDERSA y el municipio local mantienen un silencio sospechoso que roza la complicidad con el riesgo que enfrentan los vecinos. Ni la empresa distribuidora de energía ni las autoridades comunales han emitido una sola palabra sobre las causas del incidente, las reparaciones pendientes o, lo más grave, si los sistemas de protección contra sobretensiones exigidos por norma técnica están operativos en la zona para evitar que una nueva tormenta repita la tragedia que por fortuna no ocurrió.
El domingo 25 de enero, durante una tormenta eléctrica, una descarga aparentemente se propagó por la red de EDERSA hasta una casa en la esquina de Currú Leuvú y Mapuche, donde provocó un incendio incipiente que calcinó muebles y ahumó por completo el inmueble —recién terminado y habitado hace apenas meses—. Por una suerte que no debió depender del azar, no había personas en el interior; de haberlas habido, la misma corriente que incendió mobiliario podría haberles causado lesiones graves o la muerte. Pero el peligro no terminó ahí: las tres viviendas lindantes también sufrieron el impacto del shock eléctrico —con llaves térmicas saltadas, cables internos fundidos y cintas aisladoras quemadas—, y el tendido de alumbrado público desde Matoso hasta Mapuche quedó inutilizado. Una semana después, las luminarias siguen apagadas, los vecinos en la incertidumbre y las instituciones responsables mudas.
Este silencio no es inocente. Normas técnicas vigentes exigen a las distribuidoras como EDERSA garantizar la seguridad de los usuarios mediante sistemas integrales de protección: puestas a tierra eficaces, pararrayos de línea, descargadores de sobretensión (tipos 1, 2 y 3) y mantenimiento periódico de todos estos dispositivos. Sin embargo, hasta la fecha, la empresa no ha informado si dichos mecanismos existen en el barrio Maldonado, si fallaron o si directamente brillan por su ausencia. Tampoco ha aclarado si reparará los daños materiales sufridos por las familias afectadas, cuyos dueños debieron trabajar toda la semana para limpiar el ahumado y repintar sus hogares con recursos propios. El municipio, por su parte, sabe desde el primer momento que el alumbrado público está fuera de servicio en una zona residencial, pero prefiere el mutismo antes que asumir su rol de intermediario exigente o, al menos, dar cuenta del estado de las gestiones ante la empresa concesionaria.
Mientras las autoridades eluden su deber de información, los vecinos cargan con la angustia de saber que una nueva tormenta podría repetir el episodio con consecuencias irreparables. El derecho a la seguridad eléctrica no es un privilegio: es una obligación contractual y legal de EDERSA, y una responsabilidad de control del Estado municipal. Callar frente a un incidente de estas características no es neutralidad; es abandono. Y en la oscuridad que hoy cubre Currú Leuvú, ese silencio resuena más fuerte que cualquier trueno.










