El Cuerpo de la Guardia Revolucionaria Islámica (CGRI) afirmó este sábado haber destruido por completo un sofisticado sistema de radar estadounidense FP132 estacionado en Qatar, en el marco de una ofensiva de represalia contra bases y activos militares de Estados Unidos en la región. Según el comunicado oficial, el sistema —valuado en aproximadamente 1.100 millones de dólares— fue “completamente aniquilado” mediante un ataque masivo con misiles.
De acuerdo con el CGRI, el radar tenía un alcance de 5.000 kilómetros y contaba con tecnología avanzada diseñada para contrarrestar misiles balísticos. El dato sobre su valor surge de un informe de 2013 de la Agencia de Cooperación para la Seguridad de la Defensa de Estados Unidos.
La ofensiva iraní fue presentada como una respuesta coordinada a lo que Teherán calificó como una “agresión no provocada” de Israel y Estados Unidos contra territorio iraní durante la madrugada del sábado. En ese contexto, fuerzas del CGRI y del ejército regular lanzaron misiles y drones contra objetivos militares estadounidenses en al menos siete países de la región, incluido Qatar.
The moment an Iranian missile bypassed US air defenses in Qatar.
— Press TV 🔻 (@PressTV) February 28, 2026
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Qatar alberga la base aérea de Al-Udeid, considerada la mayor instalación militar estadounidense en Medio Oriente. Autoridades iraníes habían advertido previamente que dicha base sería blanco de ataques si Estados Unidos o Israel actuaban militarmente contra Irán. En junio, Teherán ya había lanzado ataques similares contra Al-Udeid, tras bombardeos estadounidenses a instalaciones nucleares iraníes en respaldo a operaciones israelíes.
En una declaración separada, la oficina de relaciones públicas del CGRI sostuvo que al menos 200 militares murieron o resultaron heridos en los ataques iraníes del sábado. Además, afirmó que varios misiles estadounidenses e israelíes no alcanzaron territorio iraní y cayeron en zonas desérticas y urbanas de Irak y otros países del Golfo Pérsico.
Irán había advertido a los gobiernos del Golfo que no permitieran el uso de su territorio para operaciones militares contra la República Islámica. En una entrevista con la cadena NBC, el ministro de Asuntos Exteriores iraní, Abbas Araghchi, confirmó que mantuvo contactos con sus pares regionales y sostuvo que los ataques constituyeron una “medida defensiva” dirigida exclusivamente contra bases estadounidenses.
“No podemos quedarnos sentados y observar”, afirmó Araghchi.
La escalada se produce en un contexto particularmente sensible, en medio de conversaciones nucleares indirectas entre Teherán y Washington, mediadas por el gobierno de Omán, lo que añade incertidumbre sobre la continuidad del diálogo diplomático y la estabilidad en una región ya marcada por tensiones crónicas.










