Tras 30 días de silencio institucional, dos abogados asumen gratuitamente la causa y activan la Policía Federal. Luz Núñez, pareja del joven desaparecido, rompe el silencio: “Ya perdí la esperanza de encontrarlo con vida”. Mientras la justicia parece mirar para otro lado, la verdad se abre paso con nombre y apellido.
No es una noticia más. Es el grito ahogado de una familia que decidió no esperar más a que el Estado hiciera lo que nunca hizo. Kevin Hernández, el joven de Lamarque desaparecido desde el 22 de febrero, ya no está solo en su búsqueda: ahora tiene a dos abogados de trayectoria, Sergio Heredia y Leandro Aparicio, que decidieron poner su experiencia —y su bolsillo— al servicio de la verdad. Y eso, en un pueblo donde “más de la mitad no acompaña”, duele más que cualquier silencio.
Luz Núñez, la pareja de Kevin, lo dijo sin filtros este jueves en la emisora municipal de Lamarque, “FM Urbana”: “Ya perdí la esperanza de encontrarlo con vida”. No fue un lamento, fue una sentencia. Una afirmación construida sobre mentiras, testimonios contradictorios y una investigación que, durante un mes, se movió a paso de tortuga. “Con todos los testimonios falsos que nos dio esta persona, con las mentiras que nos dijo que había pasado, a mí me dijo una cosa, a mi suegra otra, a mi suegro otra. Ahí ya supe que le habían hecho algo”, declaró Luz con la crudeza de quien ya no tiene nada que perder.
El giro que cambió todo
Lo que no lograron las fuerzas locales en treinta días, dos profesionales lo activaron en menos de 24 horas. Heredia y Aparicio no solo asesoraron: dieron vuelta la causa. “Esto se dio vuelta absolutamente”, aseguró Luz. La Policía Federal de Búsqueda de Personas ya está en camino. Se activó un protocolo nacional. El caso, que parecía estancado en el olvido, ahora tiene repercusión federal.
Y lo más importante: no cobraron un peso. “Ellos tuvieron humanidad con nosotros al decir ‘no queremos plata, no nos cobraron un peso’. Si ellos tienen que venir, la plata va a salir de su bolsillo”, destacó Luz. En un país donde la justicia suele tener precio, este gesto no es solo un acto de solidaridad: es una denuncia implícita.
Lamarque, el pueblo que mira para otro lado
Mientras la familia sostiene un acampe con guardias turnadas —sin ningún tipo de seguridad oficial, ni un solo día—, Luz no escondió su decepción con la comunidad: “Es raro la gente que no acompaña del pueblo, que es más de la mitad del pueblo”. Una frase que duele, pero que refleja una realidad incómoda: cuando el dolor ajeno incomoda, el silencio se vuelve cómplice.
Por eso, los abogados aconsejaron levantar los cortes de calle. No por rendición, sino por estrategia. “Lo hacemos como en un son de paz. El que se quiera acercar, estamos acá. El que quiera compartir mates, estamos acá”, explicó Luz. Pero que nadie se equivoque: el acampe se mantiene. La presencia, la memoria, la exigencia, no se negocian.
“Que se toquen el corazón”
Luz tiene un mensaje directo para quienes saben y callan: “Espero que se pongan la mano en el corazón, si tienen hijos o si tienen hermanos, que se toquen el corazón y que hablen. Que mucho tiempo no les va a durar quedarse callados. Les va a pesar la cabeza, y van a tener que hablar”.
No es una amenaza. Es una profecía. Porque la verdad, cuando se la posterga demasiado, termina estallando. Y en este caso, ya tiene nombre, apellido y equipo legal.
María, la madre que no se rinde
En medio del caos, hay una mujer que se sostiene en pie como un roble: María, la mamá de Kevin. “Ni yo dejo que ella caiga, ni ella que yo caiga tampoco”, contó Luz. “María andá a trabajar, María hacé esto, no te quedes, María comé… es una mujer muy fuerte”. Porque cuando el sistema falla, son los lazos de sangre —y de amor— los que sostienen la búsqueda.
Lo que viene
Con la Policía Federal en terreno, con abogados que no cobran y con una familia que no se rinde, el caso Kevin Hernández deja de ser un expediente local para convertirse en un termómetro de la justicia argentina. ¿Lograrán las nuevas herramientas dar con la verdad? ¿Hablarán finalmente quienes hoy callan? ¿O el silencio seguirá siendo la moneda corriente en Lamarque?
Una cosa es cierta: la familia ya no espera permiso para buscar justicia. La tomó por su cuenta. Y eso, en un país acostumbrado a la impunidad, ya es una victoria.










