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Lamarque en alerta: una joven sin contención expone el abandono del Estado y el miedo de los vecinos

Las redes sociales se convirtieron en caja de resonancia de una problemática que crece: una joven con consumos problemáticos deambula fuera de control, genera temor y evidencia la falta de respuestas en salud mental y seguridad. Otra señal de alarma que se suma a la desaparición de Kevin Hernández.

Lo que ocurre en Lamarque ya dejó de ser un hecho aislado para convertirse en un síntoma alarmante de un problema más profundo: la ausencia de políticas efectivas en salud mental y adicciones. Vecinos y vecinas vienen exponiendo en redes sociales su preocupación por una joven que recorre las calles en estado de alteración, con gritos, amenazas y comportamientos que generan temor, especialmente en niños y adolescentes.

Los testimonios coinciden en un punto central: la situación está fuera de control. Relatan episodios reiterados en distintos sectores del pueblo, donde la joven aparece desbordada, con actitudes imprevisibles y, en algunos casos, vinculadas a hechos delictivos menores. “No es la primera vez… ya estamos cansados”, expresa uno de los comentarios, reflejando un malestar que se repite y se profundiza.

Pero detrás del miedo también aparece otra lectura, más incómoda y estructural: la joven no solo representa un riesgo potencial para terceros, sino que es, ante todo, una persona atravesada por un grave problema de salud. “No hace lo que hace por gusto”, señala otro vecino, apuntando directamente a la falta de respuestas estatales en materia de salud mental, un área que —según coinciden varias voces— se encuentra saturada y desbordada.

La situación deja al descubierto un círculo vicioso que se repite: intervenciones policiales que no logran sostener soluciones, un sistema judicial cuestionado por su inacción y un sistema de salud que no alcanza a contener. En el medio, una comunidad que convive con el temor cotidiano y una joven que, lejos de recibir asistencia integral, parece quedar librada a su propia deriva.

Incluso surgen cuestionamientos más de fondo, vinculados a los límites legales para intervenir en casos de adicción severa sin consentimiento, una discusión que vuelve a escena cada vez que situaciones como esta escalan en visibilidad. “Nadie hace nada hasta que pase algo lamentable”, advierten, en una frase que resume la sensación de abandono.

Mientras tanto, el contraste social también duele: la misma persona que en algún momento fue viralizada en redes por situaciones que algunos tomaron con liviandad, hoy es el centro de un reclamo urgente que interpela a toda la comunidad.

Lo que está en juego ya no es solo la tranquilidad de los vecinos, sino la capacidad —o incapacidad— del Estado en todos sus niveles para dar respuestas antes de que el desenlace sea irreversible. Lamarque enfrenta un problema que exige intervención inmediata, coordinación institucional y, sobre todo, decisión política. Porque cuando la única respuesta es la reacción tardía, el costo siempre termina siendo demasiado alto.

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