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La diplomacia de la taberna: Milei sume a Argentina en una crisis inédita con Brasil y el gobierno de Lula evalúa exigir explicaciones

El presidente argentino cambió la cancillería por un micrófono en San Pablo para ofender a Lula, al Supremo Tribunal Federal y al pueblo brasileño. La convocatoria a consultas del embajador Bitelli es apenas el primer capítulo de un aislamiento que el propio Milei ha buscado con fanatismo.

Hay gestos que definen gobiernos, y hay desvaríos que condenan naciones. Lo ocurrido en las últimas 48 horas no es un simple tropiezo diplomático; es el suicidio geopolítico de un presidente que parece confundir la Casa Rosada con un club de fans de la extrema derecha continental. Brasil llamó a consultas a su embajador en Buenos Aires, Julio Bitelli, tras los insultos de Javier Milei contra Luiz Inácio Lula da Silva, y el Itamaraty ya evalúa convocar al representante argentino para exigirle explicaciones formales por una afrenta que no tiene precedentes en la historia reciente del Mercosur.

La crisis estalló el sábado en el gimnasio del Arena Pacaembú, en São Paulo. Allí, en medio de la convención que oficializó la candidatura presidencial del derechista Flávio Bolsonaro, Milei decidió que su rol no era el de un jefe de Estado extranjero de visita, sino el de un militante eufórico y descontrolado. Más preocupado por la ovación de la fanaticada bolsonarista que por la institucionalidad de su propio país, el presidente argentino abrió una herida diplomática de la que será muy difícil salir indemne.

El canciller brasileño, Mauro Vieira, se enteró de la magnitud del despropósito durante un vuelo de regreso a Brasil este domingo. La respuesta fue inmediata y contundente: el Ministerio de Relaciones Exteriores calificó los dichos de Milei como una “afrenta” y una inaceptable falta de respeto hacia el presidente, el Poder Judicial y el pueblo brasileño. Bitelli regresará a Brasilia en el día de hoy, 27 de julio, para reunirse de urgencia con Vieira. La escalada es tal que el Ejecutivo brasileño no descarta dar el siguiente paso: convocar al embajador argentino para un severo llamado de atención.

Del texto leído al berrinche de caudillo

Lo más bochornoso del episodio no fue solo el contenido de los insultos, sino el circo en el que fueron proferidos. Milei ingresó al escenario precedido por los acordes de Panic Show, de La Renga, su himno de campaña. Aunque se limitó a leer un texto de ocho páginas de extensión, la euforia del momento lo traicionó. En los pocos pasajes en que se apartó del papel, la máscara de estadista cayó para dar paso al agravio directo.

Tras referirse a los argentinos como “profetas de un futuro distópico” y culpar a “los zurdos de mierda” de haber hundido al país en la pobreza, el sonido de su micrófono se cortó. Lejos de guardar la compostura, Milei aprovechó el tropiezo técnico para lanzar una pregunta digna de un caudillo de barraca: “Che, ¿los micrófonos estos quién los mandó a tocar? ¿El ladrón?”, gritó, llamando “ladrón” y “presidiario” a Lula, a quien acusó, sin rubor ni pruebas, de haber intervenido en las pasadas elecciones argentinas para torcer la historia a favor de la izquierda. Incluso expresó su deseo de que el mandatario brasileño “pierda en las urnas en octubre” y lo acusó de conducir a su propio país hacia una “crisis de deuda”, acuñando el concepto del “riesgo Lula” en contraposición al “riesgo Kuka” argentino.

El ataque a la democracia brasileña

Pero el desatino no se limitó a insultar a un presidente extranjero en su propio territorio. La crisis diplomática se consumó y se tornó inmanejable cuando Milei atacó a las instituciones brasileñas. Quejándose de que el Supremo Tribunal Federal (STF) no le habilitara una visita al expresidente Jair Bolsonaro —quien se encuentra bajo arresto domiciliario por su responsabilidad en un intento de golpe de Estado—, Milei insultó al juez Alexandre de Moraes, llamándolo “basura calva”.

Atacar al máximo tribunal de una nación soberana para defender a un golpista condenado por la justicia no es una “batalla cultural”; es una irresponsabilidad estatal que pone en entredicho el respeto de Argentina por el Estado de derecho de su principal socio comercial.

Un presidente que no está a la altura

Desde Brasil, la indignación cruza la línea de la diplomacia y se instala en el sentido común político. Edinho Silva, titular del PT brasileño, resumió con crudeza la sensación que provoca el mandatario argentino en la región: “Resulta inaceptable que un jefe de Estado extranjero visite nuestro país y se dirija a sus poderes constituidos de manera irrespetuosa”. Y agregó, con una sentencia demoledora: “No sorprende que el actual presidente de Argentina se comporte así. Al fin y al cabo, existen numerosas situaciones recientes en las que ha demostrado no estar a la altura del cargo que ostenta”.

Milei buscaba aplausos en San Pablo y se ha granjeado el aislamiento en Brasilia. Ha sacrificado los intereses estratégicos de la Argentina, transformando a la cancillería en una tribuna de agravios personales. Mientras el mundo exige a los líderes mesura y respeto institucional, el presidente argentino demuestra, una vez más, que su brújula no apunta hacia el norte geopolítico, sino hacia el aplauso fácil de los sectores más radicales, arrastrando a la Argentina a un conflicto del que, por ahora, solo se vislumbra el costo de su propia soberbia.

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