Un informe elaborado por el equipo de investigación del Ciclo Básico Común (CBC) de la Universidad de Buenos Aires (UBA) revela que casi la mitad de los jóvenes argentinos de entre 18 y 29 años atraviesa situaciones de vulnerabilidad, marcadas por el desempleo, la precariedad laboral, las dificultades económicas y un fuerte deterioro del bienestar psicológico. En este universo, la inseguridad aparece como el principal problema de los barrios, muy por encima de la educación, la salud o el transporte.
El estudio, titulado “Jóvenes vulnerables en la Argentina: Condiciones de vida, creencias y expectativas sobre el futuro”, se realizó a partir de una encuesta presencial a 1.002 jóvenes de los principales aglomerados urbanos del país. La investigación considera vulnerables a quienes tienen como máximo el nivel primario completo o presentan privaciones relacionadas con ingresos, alimentación, vestimenta y condiciones habitacionales, siguiendo criterios vinculados al Índice de Privación Material de los Hogares del INDEC.
Uno de los principales hallazgos es la dificultad de este sector para acceder a un empleo estable. El 30,6% de los jóvenes vulnerables no tiene trabajo y, entre ellos, apenas cuatro de cada diez lo busca activamente. Para el sociólogo Juan Cruz Esquivel, uno de los autores del informe, existe un fuerte desánimo asociado no sólo a la imposibilidad de conseguir empleo, sino también a la percepción de que un trabajo no necesariamente permitirá mejorar las condiciones de vida.
La situación afecta especialmente a las mujeres: el 41% de las jóvenes vulnerables está desempleada, frente al 23% de los varones. Quienes sí trabajan lo hacen mayoritariamente en actividades de baja calificación, alta informalidad y bajos ingresos, vinculadas al comercio, la construcción y las tareas de cuidado. Sólo el 15% cuenta con un empleo registrado.
La precarización también tiene consecuencias sobre el acceso a la salud. El 78% de los jóvenes vulnerables no posee obra social ni prepaga y depende exclusivamente del sistema público para recibir atención médica.
La educación mantiene su lugar como esperanza
Pese al escenario adverso, la educación continúa siendo percibida como una vía para mejorar la calidad de vida. El 85,7% considera que estudiar puede abrir oportunidades de futuro. Sin embargo, el 60,5% tiene el secundario incompleto o un nivel educativo inferior y sólo una cuarta parte continúa estudiando.
El informe advierte que la falta de recursos económicos y de oportunidades concretas actúa como una barrera para sostener las trayectorias educativas. Aun así, los datos muestran que existe una relación entre educación y condiciones materiales: a mayor nivel educativo, disminuye el porcentaje de hogares que no logra llegar a fin de mes.
El principal objetivo declarado por los jóvenes vulnerables es conseguir un empleo o acceder a uno mejor. El 31,9% identifica esa meta como su prioridad, mientras que el 57% afirma que en su hogar no alcanza el dinero para llegar a fin de mes.
Ansiedad, depresión y problemas de sueño
El estudio también alerta sobre una dimensión menos visible de la vulnerabilidad: el deterioro de la salud mental. Más del 70% de los jóvenes consultados afirma experimentar con frecuencia nervios o ansiedad y el 54% manifiesta desgano o síntomas compatibles con la depresión.
A esto se suman los problemas vinculados al consumo de sustancias. Un 30% reconoce dificultades para controlar el consumo de alcohol, tabaco o drogas, mientras que en un 18% de los casos la situación alcanza niveles considerados extremos.
El uso intensivo de dispositivos digitales aparece como otro factor de preocupación. Cerca del 85% considera que utiliza demasiado el celular y seis de cada diez reconocen hacerlo en exceso casi todos los días o diariamente. Al mismo tiempo, siete de cada diez jóvenes aseguran tener problemas para dormir o sentirse cansados.
Los investigadores advierten que la dinámica de las redes sociales, caracterizada por la inmediatez y el consumo constante de contenidos breves, puede profundizar la ansiedad, la falta de atención y el aislamiento, en un contexto donde la interacción comunitaria y los vínculos sociales adquieren especial relevancia.
El avance del evangelismo y un perfil político más conservador
La investigación también analiza las creencias religiosas y las posiciones políticas de este sector de la juventud. El 37,6% se identifica con el evangelismo, el 30,6% con el catolicismo y el 29,6% afirma no tener filiación religiosa.
Según Esquivel, el crecimiento de las iglesias evangélicas se observa especialmente entre los jóvenes de sectores populares y con menores niveles educativos. Su fuerte presencia territorial y sus formas de organización más informales las convierten, de acuerdo con el investigador, en espacios de pertenencia y contención.
En materia política, el informe muestra un comportamiento diferente al registrado históricamente en los sectores populares. En las elecciones presidenciales de 2023, Javier Milei obtuvo el 38% de los votos entre estos jóvenes, mientras Sergio Massa alcanzó el 25%, el mismo porcentaje que quienes optaron por no votar. El resto de los candidatos no superó el 1,5%.
Sin embargo, el 48% no se identifica con ninguna corriente política. Un 19% se define como peronista, mientras que las identidades de derecha, liberal y libertaria reúnen en conjunto al 15%. Otro 14,7% se considera independiente.
El informe también registra posiciones conservadoras en temas vinculados a la inmigración y la seguridad. El 66,8% considera que debería existir un control más estricto sobre el ingreso de inmigrantes, mientras que el 58,7% está a favor de la pena de muerte para delitos graves como asesinatos o violaciones. Ambas posiciones presentan mayor respaldo entre quienes tienen menores niveles de escolarización.
La inseguridad, el principal reclamo
Entre todas las preocupaciones relevadas, la inseguridad aparece como la principal problemática identificada por los jóvenes vulnerables en sus barrios. El 42,5% la ubica en el primer lugar, muy por encima de otros problemas como la educación, la salud o el transporte.
El dato permite observar una de las principales tensiones que atraviesan a este sector de la población: jóvenes que enfrentan desempleo, informalidad, pobreza, dificultades para estudiar y un creciente malestar psicológico, pero que al mismo tiempo expresan una fuerte demanda de seguridad y posiciones más conservadoras frente a determinados temas sociales.
El informe de la UBA dibuja así el retrato de una generación atravesada por la incertidumbre. Una juventud que todavía deposita buena parte de sus esperanzas en la educación y en el trabajo, pero que enfrenta obstáculos estructurales para convertir esas expectativas en proyectos de vida concretos.










