En medio de una cadena nacional donde Javier Milei se erigió como el adalid de la soberanía sobre las Islas Malvinas, una exclusiva revelación del portal La Política Online (LPO), firmada por el periodista Augusto Taglioni, encendió todas las alarmas en los cuarteles: el anunciado Decreto de Necesidad y Urgencia (DNU) para dotar de recursos al Ministerio de Defensa y construir una base militar en Tierra del Fuego no es un acto de patriotismo. Es, en los hechos, la antesala para entregar el sur del país a los Estados Unidos.
La excusa es tan burda como histórica es la traición geopolítica: Washington supuestamente “apoyaría” el reclamo argentino. Una falacia que contradice décadas de “hacer la vista gorda” por parte de la potencia del norte, que históricamente se ha alineado con el Reino Unido o ha mirado para otro lado cuando la mayoría de los países en la ONU exigían atender los reclamos de soberanía.
Lo que las Fuerzas Armadas sospechan es mucho más grave que un simple giro diplomático: la entrega de una base naval en Ushuaia para que sea operada por el Comando Sur. Tal como concluye un militar retirado consultado por LPO, la maniobra busca replicar el modelo de la base estadounidense en Cádiz, España: “Los norteamericanos se hacen cargo del mantenimiento, operan la base y los españoles manejan un pedacito”.
La disociación entre el discurso y la miseria castrense
La hipocresía del relato oficial choca contra la pared de la realidad presupuestaria. Mientras el Presidente habla de usurpación, de la importancia de la Antártida y de la necesidad de una base naval fuerte, sus propias políticas desmantelan a las Fuerzas Armadas.
Fernando Morales, presidente de la Liga Naval, fue lapidario al analizar el repentino “giro” del gobierno: “O el señor Milei cambió 180 grados su pensamiento histórico o le cambiaron el libreto”. Morales recordó que apenas ayer, el ministro Federico Sturzenegger y los afiles mediáticos sostenían que las FFAA estaban “sobredimensionadas”, repitiendo la lógica de: “¿Para qué queremos 21 aviadores si tenemos 10 aviones, o para qué queremos 24 mil marinos si hay cuatro barcos?”.
La crueldad de esta política se mide en pesos y en falta de equipamiento. Milei eliminó la obra pública y compró unos F-16 que, por una restricción del Reino Unido que el propio Presidente convalidó y aceptó, no tienen radar ni alcance para operar en el Atlántico Sur. Son aviones capados para defender la patria.
“Nadie arriesga la vida por 1.300.000 pesos”
La soberanía no se defiende con cadenas nacionales ni con tuits; se defiende con presupuesto, con flotas, con radares y con soldados dignamente pagados. Sin embargo, el gobierno nacional desfinancia al Estado y deja a los defensores de la patria en la intemperie.
Como grafican con amargura desde las filas castrenses: “Nadie arriesga la vida por 1.300.000 pesos, que es lo que cobra un piloto de F-16”. Morales lo resumió con una crudeza que el gobierno intenta ocultar: “Difícilmente se pueda hablar de reequipamiento militar cuando lo primero que no estás reequipando es el salario y la salud. Ningún militar va a ir a una guerra si no tiene garantizado que no tiene dónde atenderse si le cortan un dedo”.
Si se analiza fuera del contexto de quien lo dice, el discurso de Milei sobre penalizar administrativa y penalmente a los empresarios que exploten recursos mientras dure el conflicto sería correcto. Pero en boca de quien vende activos nacionales y desfinancia a sus tropas, es apenas una cortina de humo.
Como sentenció el oficial retirado, con la amargura de quien ve destruir su institución desde adentro: “Tenemos en venta media base naval, y ahora estás vendiendo los terrenos de la base. Entre el discurso, la realidad y el futuro cercano hay una disociación muy grande”.
La verdad es ineludible: el gobierno de Milei no está preparando al país para defender Malvinas. Está alfombrando el camino para que Estados Unidos se instale en el Atlántico Sur, mientras los soldados argentinos cobran sueldos de hambre y vuelan en aviones a los que el Reino Unido les quitó los ojos.










