Por Mariana Isasi, Jefa de Oficina del Fondo de Población de las Naciones Unidas (UNFPA) en Argentina
“Mamá, a veces olvido lo sacrificado que fue darlo todo por mí. Gracias por cada esfuerzo, por tu paciencia infinita y por amarme sin condiciones”, dice una de las frases sugeridas por IA para el Día de la Madre. En ella se refleja un imaginario muy instalado: el sacrificio como sinónimo de maternidad, la idea de desaparecer detrás del rol de madre.
Sin embargo, las voces de las mujeres que ejercen la maternidad en la Argentina actual muestran una transformación profunda. Criar sigue siendo una elección cargada de sentido, pero ya no a costa de desdibujar la propia identidad, la salud o las aspiraciones personales. Hoy la maternidad se vive como un proyecto que convive con otros, donde el cuidado se entrelaza con el derecho a desarrollarse plenamente, y donde el amor no implica renuncia, sino presencia con autonomía.
Los resultados de “Deseos reproductivos en la encrucijada”, el estudio desarrollado por el Fondo de Población de las Naciones Unidas (UNFPA) en Argentina, permiten analizar esta realidad desde una perspectiva amplia: el proyecto de tener un hijo no se da de manera aislada, sino dentro de una trama de aspiraciones, donde el bienestar integral de las mujeres ocupa un lugar determinante.
Al indagar sobre las condiciones para una vida plena, las personas encuestadas ubican en el centro de sus prioridades contar con salud, alcanzar la seguridad económica, acceder a una vivienda propia y desarrollarse en un trabajo o carrera profesional deseada. Tener hijos sigue siendo un pilar fundamental para el 65% de las personas —y la familia continúa siendo prioritaria para 8 de cada 10—, y el deseo de tener hijos o hijas requiere integrarse con condiciones de estabilidad y bienestar.
Por otro lado, llevar adelante estos proyectos de vida pone en juego dimensiones de la salud y el tiempo. La postergación de la maternidad hace converger el calendario reproductivo con los límites biológicos de la fertilidad. Acompañar a las mujeres de manera integral implica reconocer que la postergación no debe convertirse en una renuncia involuntaria, garantizando acceso oportuno a información sobre salud reproductiva, prevención y tratamientos de fertilidad asistida para quienes desean ser madres.
Del mismo modo, sostener la crianza requiere corresponsabilidad: cuando más del 60% de las tareas cotidianas del hogar sigue recayendo de forma exclusiva sobre las mujeres, la falta de involucramiento de la pareja y la escasez de redes de cuidado se convierten en barreras para concretar sus deseos reproductivos.
En este Día de la Madre, el mejor reconocimiento a quienes ejercen la crianza no pasa por discursos que enaltecen la abnegación, sino por respuestas de fondo: sistemas e infraestructura de cuidado, entornos de trabajo compatibles con la vida familiar y un acompañamiento de la salud que sostenga a quienes cuidan. Proteger el bienestar y la autonomía de las mujeres es la vía para que maternar sea una experiencia plenamente elegida, acompañada y disfrutada.









