ATE pidió una inspección a la Delegación de Trabajo mientras se multiplican los testimonios de ex empleados que describen destrato, favoritismos y falta de respuestas del Ejecutivo municipal.
El gobierno municipal de Choele Choel vuelve a quedar en el centro de la polémica. En las últimas semanas se acumularon denuncias por malos tratos y condiciones laborales poco saludables en distintas áreas del municipio, una situación que ya motivó al gremio ATE a solicitar formalmente una inspección a la Delegación de Trabajo, que se concretaría en los próximos días.
Pero el dato más inquietante llegó desde el testimonio crudo y directo de una joven choelense formada en turismo, que decidió hacer pública su experiencia tras haber trabajado en diversas dependencias municipales. Su relato no sólo expone un clima interno que describe como “una película de terror”, sino que también apunta directamente a la conducción política y a funcionarios con cargos jerárquicos.
“Jamás tuve la necesidad hasta hoy de publicar algo sobre mi vida, mucho menos de mi paso por la Municipalidad, ya que fue todo malísimamente horrible”, expresó la ex trabajadora, quien aseguró que ingresó con la expectativa de aportar sus conocimientos profesionales, pero terminó enfrentando situaciones de destrato y hostigamiento. Según su testimonio, el primer conflicto se dio en el área de Turismo, donde —afirmó— la directora ya había sido denunciada por maltrato y, pese a ello, habría sido “premiada” dentro de la estructura municipal.
La joven relató además que, tras plantear la situación al propio intendente Diego Ramello, no encontró soluciones y fue trasladada a otras áreas, donde volvió a enfrentar lo que describió como “ambientes insoportables”, con jefaturas que practicaban favoritismos y desatendían los reclamos del personal. “Todo lo comuniqué, pero fui la que molestó, la que hizo ruido, por eso quedé afuera”, denunció.
El cuadro que se dibuja es alarmante: puestos “inventados”, exceso de personal sin funciones claras, jefes ausentes y una cultura organizacional que castiga a quien denuncia irregularidades. Lejos de tratarse de un caso aislado, el testimonio se suma a un creciente número de quejas internas que ahora podrían derivar en sanciones si la inspección laboral confirma las irregularidades.
Mientras el Ejecutivo municipal guarda silencio o minimiza los reclamos, la pregunta que resuena en la comunidad es inevitable: ¿hasta cuándo se tolerará una gestión que parece hacer oídos sordos a sus propios trabajadores? Porque cuando el maltrato se naturaliza en el Estado, el problema deja de ser interno y se convierte en una deuda ética con toda la sociedad.










