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Cristina y Pichetto: un frente nacido del espanto

La reunión entre la ex presidenta, hoy bajo arresto domiciliario, y el diputado nacional revela un intento de reconfiguración del peronismo hacia 2027. Más que una coincidencia ideológica, el acercamiento parece responder a una lógica de supervivencia política entre dos figuras que necesitan mutuamente lo que les queda de poder.

(Por Rubén Larrondo).- “No nos une el amor sino el espanto; será por eso que la quiero tanto”. El célebre verso de Jorge Luis Borges sobre Buenos Aires describe una relación contradictoria, hecha de nostalgia, miedo y resignación. Esa misma lógica parece explicar el sorpresivo acercamiento político entre Cristina Fernández de Kirchner y Miguel Ángel Pichetto, dos dirigentes que durante años transitaron veredas enfrentadas pero que ahora exploran la posibilidad de un frente común con la mira puesta en las elecciones presidenciales de 2027.

El encuentro se produjo el 27 de febrero de 2026 en el departamento de Cristina Kirchner, en la calle San José 1111 del barrio porteño de Constitución, donde la ex presidenta cumple arresto domiciliario con tobillera electrónica. Tras la reunión, Pichetto reveló que ambos coincidieron en la “necesidad” de construir un “frente nacional” para enfrentar al oficialismo, inspirado —según dijo— en la coalición que armó Lula da Silva en Brasil para derrotar a Jair Bolsonaro.

“Hablamos del presente y del futuro. No hablamos del pasado”, explicó el diputado nacional, quien remarcó que hacía más de diez años que no se reunía con la actual presidenta del Partido Justicialista, pese a haber trabajado juntos durante dos décadas. Según detalló, el objetivo sería construir un espacio amplio con “todos los partidos democráticos del centro nacional”, con un programa “capitalista y productivo” que dé previsibilidad a inversores y agentes económicos.

En esa línea, Pichetto cuestionó los modelos que —según él— representan “un esquema viejo de intervencionismo, de Estado presente y toda esa paparruchada que ya fracasó”. También pidió evitar las acusaciones de “traición” dentro del sistema político y sostuvo que “atacar a los gobernadores es un error”, al tiempo que planteó que el peronismo debe debatir su identidad y volver a poner en el centro temas como el salario, el empleo y la defensa de la industria nacional.

Sin embargo, el intento de reconstrucción del peronismo alrededor de este nuevo entendimiento deja al descubierto una paradoja política difícil de disimular: la escasa afinidad ideológica entre sus protagonistas. Pichetto, quien fue compañero de fórmula de Mauricio Macri en 2019 y protagonizó reiteradas críticas al kirchnerismo, ahora propone “perdonarse” dentro del peronismo. Una suerte de “lavandina política” destinada a borrar antiguas disputas y, sobre todo, a abrir una puerta electoral que Cristina Kirchner ya no puede atravesar por sí misma, debido a su inhabilitación para competir.

La ecuación es evidente: Cristina conserva un capital electoral significativo dentro del peronismo, mientras Pichetto busca posicionarse como un posible candidato presidencial para 2027. El perdón que invoca el legislador aparece así menos como un gesto doctrinario que como un mecanismo para heredar ese caudal de votos mientras la ex mandataria permanece políticamente congelada en su domicilio.

La biografía política de Pichetto también alimenta las suspicacias. Abogado recibido en 1976, llegó a su primer cargo electivo con el retorno de la democracia y desde entonces ha permanecido dentro del aparato estatal. Según su última declaración jurada, acumula un patrimonio de 366 millones de pesos, que incluye una mansión en Vicente López, dos departamentos en la Ciudad de Buenos Aires, dos en Viedma y un local comercial, además de 586 millones de pesos en efectivo y ahorros. En más de cuatro décadas de vida pública nunca desarrolló una actividad empresarial privada.

A lo largo de su carrera, además, construyó su propia marca dentro del sistema político. Fue el impulsor en el Senado de la llamada “Doctrina Pichetto”, según la cual ningún legislador debía ser detenido sin una condena firme de la Corte Suprema, argumento que durante años bloqueó los intentos de desafuero contra figuras como Carlos Menem y la propia Cristina Kirchner. Ese antecedente alimenta hoy la sospecha de que el nuevo entendimiento político también puede leerse como un pacto de conveniencia para preservar viejos equilibrios de poder.

El diputado arrastra, además, otras polémicas públicas, como la denuncia presentada ante el INADI tras calificar como “resaca” a los inmigrantes, y críticas por la presencia de familiares dentro de la estructura estatal.

En este contexto, el eventual frente que Pichetto y Cristina Kirchner imaginan para 2027 aparece menos como una síntesis doctrinaria que como una alianza forjada por necesidad. Un acuerdo que, para muchos observadores, recuerda inevitablemente el verso de Borges: no nace del amor político ni de una coincidencia programática profunda, sino del espanto compartido ante la posibilidad de quedar fuera del poder.

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