Mientras el Ejecutivo provincial endurece su postura frente a los reclamos salariales y amenaza con sanciones económicas, el gremio docente apuesta a profundizar la organización colectiva para sostener las medidas de fuerza y denunciar el deterioro de las condiciones laborales y edilicias.
El gobierno de Río Negro parece decidido a mantener —e incluso profundizar— la tensión con los trabajadores estatales. Este fin de semana, mientras desestimó el reclamo de efectivos policiales que se manifestaron en Cipolletti negándose a recibirlos, también anunció que descontará el día a las y los docentes que adhieran al paro convocado en el marco del Día Internacional de las Mujeres.
Lejos de retroceder frente a las advertencias oficiales, el sindicato docente resolvió avanzar con una estrategia destinada a sostener el conflicto. En ese contexto, la seccional Valle Medio de UnTER convocó a toda la docencia a participar de la construcción de un fondo de huelga, una herramienta pensada para acompañar a quienes ya no pueden afrontar nuevos descuentos salariales en medio de un escenario marcado por el endeudamiento con bancos, tarjetas y financieras para llegar a fin de mes.
La reunión para debatir y poner en marcha esta iniciativa se realizará este lunes 9 a las 18 en la sede sindical de Rivadavia 136, en Choele Choel.
Desde el gremio explicaron que el fondo busca garantizar que la protesta pueda sostenerse sin que los sectores más golpeados deban resignar su derecho a participar. “Se trata de una herramienta colectiva para que nadie quede atrás y para que el derecho a huelga pueda ejercerse en condiciones más justas”, señalaron en un flyer difundido por la organización.
En ese mismo mensaje remarcaron que la iniciativa no apunta a compensaciones individuales sino a sostener una decisión colectiva: “La solidaridad no es solo económica: es organizativa, política y colectiva”. Y agregaron una consigna que sintetiza el espíritu de la propuesta: “Sostener el fondo es sostener la unidad. Sostener la unidad es fortalecer la lucha.”
Críticas al descuento por el paro del 9M
En paralelo, el sindicato cuestionó con dureza la decisión del gobierno provincial de autorizar descuentos salariales a quienes participen del paro de mujeres y disidencias convocado para el 9 de marzo.
“Resulta profundamente contradictorio que, mientras se multiplican los discursos institucionales sobre igualdad, el propio Estado provincial decida disciplinar económicamente a quienes ejercen su derecho a la protesta en una jornada histórica del movimiento de mujeres”, señalaron desde UnTER.
El gremio recordó además que la docencia rionegrina está compuesta mayoritariamente por mujeres, quienes sostienen la escuela pública y, al mismo tiempo, cargan con tareas de cuidado en sus hogares y con los efectos de las políticas de ajuste.
“Castigar con descuentos salariales la adhesión al paro de mujeres implica, en los hechos, castigar a las docentes por visibilizar las desigualdades que atraviesan nuestras vidas”, advirtieron.
Para la organización sindical, la medida del Ejecutivo no desalienta la protesta sino que expone la necesidad de continuar organizándose. “Cada derecho conquistado fue producto de la lucha colectiva”, afirmaron.
El contraste con la realidad escolar
En medio de la discusión, también resonó con fuerza en redes sociales el testimonio del docente Rodolfo Molina, quien reposteó el relato de un incidente que —según se aprecia en el textoó— pudo haber terminado en tragedia en una escuela de la región.
En esa publicación, se denuncia que el jueves pasado un colectivo que transportaba estudiantes estuvo a minutos de incendiarse con los niños a bordo. “Quince o veinte minutos separaron a las infancias de una tragedia infernal”, escribió, cuestionando las campañas oficiales que aseguran que las escuelas se encuentran “en condiciones óptimas”.
El reposteo de Molina también describe un escenario de precariedad en los edificios escolares, con puertas de evacuación que no funcionaban o que debían mantenerse atadas para poder cerrarse.
El relato, que rápidamente se difundió entre docentes y familias, fue presentado como un ejemplo de la brecha entre la narrativa oficial y la experiencia cotidiana en las escuelas.
“Los educadores no paramos solo por el salario. Paramos porque sabemos lo que pasa en las escuelas, porque lo vivimos”, escribió, defendiendo el derecho a la protesta frente a las críticas que suelen caer sobre el sector.
En un contexto de creciente malestar, el conflicto docente suma así nuevos capítulos: un gobierno que endurece su postura y un gremio que, lejos de retroceder, apuesta a la organización colectiva para sostener la pulseada.










