Mientras el Ejecutivo celebra la recuperación de un espacio en las bardas, la comunidad respira aire tóxico. La deuda pendiente de ordenar el basural y erradicar las quemas a cielo abierto expone a los vecinos a dioxinas y furanos, un riesgo que la ciencia ya alertó hace años y que el municipio parece ignorar.
En una jornada que el municipio califica de “éxito”, personal municipal llevó adelante un operativo de limpieza en la zona de bardas, muy cerca de los barrios residenciales y a pocos metros de la planta de reciclado de la ciudad. El objetivo, según el discurso oficial, fue recuperar espacios utilizados indebidamente y sanear un sector que se había convertido en un microbasural clandestino. Desde el gobierno local remarcaron que estas acciones forman parte de un “plan permanente” para erradicar puntos de disposición ilegal, al tiempo que instaron a la comunidad a asumir su responsabilidad para no volver a contaminar el entorno.
Sin embargo, celebrar la limpieza de un vertedero ilegal mientras se mantiene la negligencia sobre el vertedero oficial resulta, cuanto menos, una contradicción peligrosa. Porque si bien es cierto que arrojar basura en espacios no habilitados deteriora el entorno, la verdadera amenaza para la salud de los choelenses no está solo en las bardas, sino en la deuda pendiente de ordenar el vertedero municipal y erradicar las quemas de residuos a cielo abierto.
Las autoridades municipales insisten en la responsabilidad ciudadana, pero eluden su propia responsabilidad estatal. Las quemas a cielo abierto en el basural municipal son una amenaza tangible que los vientos se encargan de distribuir por toda la ciudad. No se trata de especulaciones: se trasladan micropartículas que se respiran y generan daños severos en el sistema respiratorio. De hecho, la historia local ya tiene un precedente claro: el basural que otrora estaba cerca de la desaparecida estación de ferrocarril fue mudado precisamente por estos motivos.
Durante el gobierno de Jesús Zuain, una persona elaboró una tesis respecto de los efectos de los basurales que queman residuos a cielo abierto, remarcando que sustancias cancerígenas se desprenden de esas quemas y son aspiradas por la comunidad. Hoy, esa advertencia sigue más vigente que nunca. Está científicamente comprobado que cuando se queman residuos —plásticos, telas, restos orgánicos, electrónicos— se generan gases tóxicos y partículas finas que no distinguen entre basurales legales o ilegales.
El costo en la salud pública
Los efectos no son menores. La exposición a este humo tóxico provoca desde irritación de ojos, nariz y garganta, tos y bronquitis, hasta crisis asmáticas y dolores de cabeza. Pero el riesgo real, el que el municipio parece minimizar, son los problemas respiratorios crónicos y la exposición a dioxinas y furanos, sustancias altamente tóxicas y cancerígenas. El impacto es especialmente fuerte en los sectores más vulnerables: niños, personas mayores y embarazadas, quienes ven aumentado su riesgo de cáncer, problemas hormonales y alteraciones del sistema inmunológico.
La contaminación no se detiene en los pulmones. Las quemas afectan el aire liberando monóxido de carbono, dióxido de azufre y metales pesados; las cenizas depositan sustancias tóxicas en el suelo y la lluvia arrastra contaminantes hacia las napas o ríos, poniendo en riesgo cultivos, animales y fuentes de agua potable.
El operativo de limpieza en las bardas es una medida necesaria, pero insuficiente si se mira con honestidad. De poco sirve sanear un rincón de la ciudad si el aire que respiran todos los vecinos sigue estando envenenado por la inacción en el vertedero principal. El municipio anunció que continuarán realizando operativos de recuperación de espacios públicos, pero la comunidad exige que ese mismo compromiso se aplique para ordenar el basural municipal. Porque la verdadera responsabilidad ciudadana debe ser respaldada por una firme responsabilidad estatal que priorice la vida por encima de la inercia administrativa.
Con información de prensa de la Municipalidad de Choele Choel









