Mientras los gobiernos nacional, provincial y municipal exigen al sector privado “sueldos dignos” y denuncian precarización, el municipio rionegrino negocia paritarias que garantizan la miseria. Una encuesta de ATE revela que la totalidad de la planta percibe menos que la Canasta Básica Total patagónica, y que la gran mayoría debe endeudarse para comprar comida.
Hay una hipocresía estructural que atraviesa los tres niveles del Estado en la Argentina. Desde los estrados nacionales y provinciales se suele dar lecciones al sector privado, exigiendo “sueldos dignos”, blanqueo y formalización. Sin embargo, cuando la lupa se posa sobre el propio Estado empleador, la realidad escupe un dato vergonzante: el aparato público se ha convertido en una máquina de reproducir pobreza y, en muchos casos, indigencia. El caso del municipio de Choele Choel es la radiografía perfecta de este fracaso moral y económico.
Mientras el gobierno municipal se sienta a negociar paritarias con los gremios, los números fríos y oficiales del INDEC demuestran que cualquier acuerdo que se firme a partir de hoy será, en los hechos, un acta de defunción para el poder adquisitivo de los trabajadores. Según los datos relevados, la totalidad de los empleados municipales permanecerá por debajo de la línea de la pobreza, y una porción nada despreciable de ellos se encuentra sumida en la indigencia más absoluta.
La radiografía de la miseria: el relevamiento de ATE
Para testear la verdadera situación laboral y humana de las y los trabajadores, delegados del gremio ATE de Choele Choel realizaron una encuesta de clima y condiciones laborales. Sobre un total de 150 empleados de la planta municipal, se tomaron 33 consultas que revelan un escenario de catástrofe social dentro de las propias oficinas y dependencias públicas.
Los números de la encuesta no dejan margen para la interpretación política:
- Sueldos de hambre: El 71,9% cobra entre $1.000.000 y $1.500.000. Un 25% cobra menos de $800.000. Nadie (0%) supera los $1.800.000.
- La trampa de la deuda: Un alarmante 84,8% está pagando créditos financieros.
- Comer con deuda: Un 87,9% admite haber usado tarjetas de crédito o préstamos personales para comprar comida. Un 9,1% lo hace “en varias ocasiones”. Apenas un 3% logra escapar de esta dinámica.
- Fin de mes imposible: El 90,9% asegura que no llega a fin de mes con su sueldo.
- Condiciones laborales indignas: El 42,4% considera que su sector de trabajo NO es seguro. Además, el 23,6% no recibe ropa de trabajo adecuada (y un 42,4% la recibe en condiciones “más o menos”).
Las matemáticas del INDEC: 100% pobres, 25% indigentes
Para entender la gravedad de estos sueldos, hay que mirar la Canasta Básica que rige en la región. Si bien el INDEC publica mensualmente la línea de pobreza tomando como referencia el Gran Buenos Aires, Río Negro integra la región estadística de Patagonia (junto a Neuquén, Chubut, Santa Cruz y Tierra del Fuego), donde el costo de vida es estructuralmente más alto.
Según el último relevamiento regional disponible correspondiente a junio de 2026, el umbral de pobreza para una familia tipo de cuatro integrantes (dos adultos y dos niños) en la Patagonia se ubica en torno a los $1.900.000 mensuales (Canasta Básica Total). Por otro lado, la línea de indigencia (Canasta Básica Alimentaria) ronda los $850.000 a $890.000.
Si se cruzan estos datos oficiales con la encuesta de ATE, la conclusión es demoledora para el gobierno municipal:
- El 100% de los trabajadores municipales de Choele Choel son pobres. Al no haber ningún empleado que supere los $1.800.000, la totalidad de la planta está por debajo de los $1.900.000 que exige la canasta básica patagónica para no ser pobre.
- El 25% de los trabajadores son indigentes. Aquellos que cobran menos de $800.000 (según la propia encuesta) no pueden siquiera comprar los alimentos básicos para su familia, ubicándolos por debajo de la línea de indigencia regional.
Un Estado que da el peor ejemplo
Resulta una burla que los gobiernos nacional y provincial hablen de “responsabilidad social” o de “cuidar al trabajador” cuando su propio brazo ejecutor a nivel municipal paga sueldos que condenan a sus empleados a la malnutrición y a la usura de las tarjetas de crédito para poder alimentarse.
El municipio de Choele Choel, bajo la órbita de la Provincia de Río Negro y el amparo de las políticas macroeconómicas del Gobierno Nacional, no solo no garantiza el sustento básico de quienes barren las calles, atienden en las oficinas y mantienen la maquinaria pública, sino que tampoco cuida su integridad física: casi la mitad de los encuestados trabaja en condiciones inseguras y sin la indumentaria adecuada.
Mientras el Estado siga siendo el primer empleador precarizador, mientras se firme cada paritaria sabiendo que el sueldo resultante será de pobreza o indigencia, cualquier discurso sobre “sueldos dignos” para el sector privado será pura demagogia. En Choele Choel, el Estado no da el ejemplo; da lástima, vergüenza y hambre.










