El ministro de Salud de Río Negro, Demetrio Thalasellis, desembarcó este jueves en Choele Choel con un gesto que, a primera vista, podría leerse como una señal de preocupación institucional: poner en funciones a Mirian Romero como nueva directora del Hospital Área Programa de la ciudad. Pero detrás del acto protocolar y las fotos de rigor, la realidad del centro de referencia sanitaria de Valle Medio expone una crisis profunda que ninguna designación, por sí sola, parece capaz de resolver.
La pregunta que flota en los pasillos del hospital es tan simple como incómoda: ¿cuánto durará esta vez? Porque Romero no es la primera ni la segunda directora que asume en los últimos tiempos. La puerta giratoria en la conducción del nosocomio se ha convertido en un síntoma elocuente de una gestión que no logra consolidar un rumbo, mientras los profesionales —los que sostienen la atención con su cuerpo y su vocación— se van yendo de a poco, en una diáspora silenciosa que ya dejó sin cobertura servicios esenciales como cirugía y ginecología.
Un encuentro con promesas y un historial de silencios
En la reunión participaron la secretaria general de la seccional Valle Medio de la Asociación Trabajadores del Estado (ATE), Mariela Rodríguez, el cuerpo de delegados del hospital y miembros de la conducción sindical. El sindicato aprovechó la presencia del ministro para poner sobre la mesa los reclamos que viene relevando desde hace tiempo en asambleas y recorridas por servicios y centros de atención primaria: condiciones laborales deterioradas, salarios magros —un mal endémico que atraviesa a toda la planta de empleados públicos provinciales— y, lo más grave, rumores persistentes de maltrato hacia el personal que habrían acelerado las renuncias.
Tanto Thalasellis como la flamante directora se comprometieron a solucionar las problemáticas planteadas. Rodríguez, cauta pero firme, eligió sus palabras con cuidado: “Vemos positiva la visita del Ministro si esto se traduce en respuestas concretas a las demandas que dejamos plasmadas en la reunión”. Ese “si” condensa años de frustraciones acumuladas. “Fue un encuentro en el que pudimos abordar distintas problemáticas que perjudican el normal funcionamiento del sistema sanitario público en la zona. Esperemos que en las próximas horas empecemos a tener soluciones”, agregó.
La esperanza, en boca de quien lleva meses denunciando el desmantelamiento progresivo del hospital, suena más a ultimátum diplomático que a optimismo genuino.
Renuncias que no son “decisiones individuales”
Días antes de esta visita, ATE había solicitado formalmente la intervención del ministro ante la sangría de médicos con funciones esenciales que renunciaron al Hospital Zonal de Choele Choel. La nota dirigida a Thalasellis fue contundente: las renuncias no podían ser leídas como decisiones personales aisladas. “Es imprescindible que el Ministerio de Salud revise las circunstancias que contribuyeron a esos alejamientos y haga lo posible por revertirlos”, sostuvo Rodríguez en aquella oportunidad.
El sindicato pidió una revisión integral de las jefaturas existentes y la creación de un ámbito de diálogo con los profesionales que se fueron. También señaló con claridad algo que en los pasillos se dice en voz baja pero que nadie en la gestión provincial parece haber querido escuchar: que la conducción hospitalaria actual no puede seguir operando bajo la sombra de autoridades y referentes de gestiones anteriores, que interferirían en áreas sensibles como administración, recursos humanos, coordinación de dirección, servicios técnicos y auditoría médica.
“Consideramos fundamental una línea de conducción clara, única y formalmente establecida”, reclamó Rodríguez, en una frase que, leída entre líneas, describe un hospital donde el poder real no siempre coincide con el organigrama.
La pregunta que nadie responde
La designación de Mirian Romero llega en un contexto donde la crisis ya no es inminente sino presente: servicios clave sin profesionales, trabajadores desmoralizados, salarios que no compiten con ninguna oferta del sector privado y un clima institucional viciado por conflictos laborales mal gestionados y una conducción errática.
Que el ministro haya viajado hasta Choele Choel puede interpretarse como un reconocimiento tardío de la gravedad de la situación. Pero los trabajadores del hospital, que han visto pasar directores, promesas y actos inaugurales, saben que la verdadera prueba no está en las fotos ni en los compromisos verbales de un jueves cualquiera. Está en si la semana que viene habrá un cirujano de guardia, si una mujer podrá atenderse con una ginecóloga en el hospital público de su ciudad, y si los profesionales que quedan tendrán alguna razón concreta para no sumarse a la fila de los que ya se fueron.
Hasta entonces, la incertidumbre sigue siendo la única política de Estado que funciona sin interrupciones en el Hospital de Choele Choel.









