Home / Uncategorized / Choele Choel reacciona: operativos de tránsito tras el clamor vecinal por el caos vial

Choele Choel reacciona: operativos de tránsito tras el clamor vecinal por el caos vial

Luego de semanas de críticas en redes sociales por la impunidad de escapes libres, maniobras temerarias y falta de controles, el Municipio desplegó inspecciones en zonas críticas. La pregunta que queda: ¿será suficiente con acciones esporádicas para frenar una cultura de riesgo que pone en jaque a toda la comunidad?

Finalmente, la presión ciudadana surtió efecto. Tras un torrente de denuncias y reclamos en redes sociales por la ausencia crónica de controles de tránsito frente a las reiteradas transgresiones de automovilistas, motociclistas y ciclistas en arterias de alta circulación, el fin de semana pasado el Municipio de Choele Choel —a través del área de Inspectoría y con el acompañamiento de la Policía de Río Negro— desplegó operativos de seguridad vial en accesos y puntos estratégicos de la ciudad. El foco: verificación de documentación obligatoria, uso de casco en motociclistas y control de ruidos molestos por escapes modificados.

Las quejas vecinales, lejos de ser exageraciones, describen un escenario de creciente peligrosidad. En el centro del debate, el uso de escapes libres en motocicletas de distintas cilindradas, cuyos estruendos ensordecen no solo al paso del vehículo, sino que se extienden más de cincuenta metros a la redonda, alterando la paz de barrios enteros. A esto se suman motos que circulan sin luces reglamentarias, a velocidades inadecuadas y protagonizando maniobras imprudentes, teniendo como epicentro la Avenida San Martín, el paseo Jesús Zuain y la Avenida Kennedy.

Pero el problema no es exclusivo de las dos ruedas. Algunos automovilistas, en una exhibición de presunta destreza, también eligen esas mismas arterias para acelerar raudamente entre lomos de burro —o directamente ignorarlos—, poniendo en riesgo a peatones y otros conductores. El horario preferido para estas prácticas: entre las 21 y las 23 horas, justo cuando la presencia de inspectores en la vía pública suele ser mínima o nula.

El panorama se completa con un factor de riesgo adicional: adolescentes en bicicleta que circulan por el sector de sobrepaso, muchas veces en grupo, demostrando “destreza” al mantener el equilibrio en una sola rueda —la conocida “wheelie”—, pero ocupando el centro de la calzada y exponiendo su integridad física ante el menor imprevisto.

Los operativos del fin de semana, según informó oficialmente el Municipio, se centraron en la prevención: verificación de documentación, control del uso de casco —medida clave para reducir lesiones graves en siniestros— y detección de escapes que superan los decibeles permitidos por la normativa vigente. Desde Inspectoría destacaron que estas acciones forman parte de “una política sostenida de ordenamiento del tránsito y prevención”, con el objetivo de promover una circulación más segura y responsable.

La duda que persiste

Si bien es alentador que las autoridades hayan respondido al reclamo social, la efectividad real de estos operativos dependerá de su continuidad y frecuencia. Los mismos jóvenes que hoy protagonizan maniobras peligrosas “por una peligrosa diversión”, ¿desistirán de su rutina al notar que los controles no son diarios? La historia de muchas ciudades sugiere que, sin presencia constante y sanciones ejemplificadoras, la impunidad tiende a reaparecer tan rápido como se retira el operativo.

El Municipio anunció que los controles “continuarán desarrollándose de manera periódica”, reforzando la presencia en la vía pública y el trabajo conjunto con las fuerzas de seguridad. Sin embargo, la comunidad espera que esta “periodicidad” no se traduzca en acciones esporádicas, sino en un plan sistemático, visible y sostenido en el tiempo.

Porque no se trata solo de multar o retener documentación: se trata de salvar vidas. Cada escape libre que ensordece, cada maniobra temeraria en una avenida transitada, cada adolescente que juega con su equilibrio en medio del asfalto, es un recordatorio de que la educación vial y el control permanente no son opciones, sino obligaciones ineludibles de una gestión comprometida con la seguridad de todos.

Choele Choel dio un primer paso. Ahora, le corresponde a toda la sociedad —familias, escuelas, medios y autoridades— sostener la exigencia: más controles, más conciencia, menos excusas. La vida en las calles no puede seguir siendo un juego de azar.

Deje un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *