El exdirector de ANDIS intentó jugar a ser víctima de espionaje para salvarse, pero terminó confirmando la existencia de un “kiosquito” de coimas que salpica directamente a la cúpula presidencial. “A la primera que se van a llevar puesta es a Karina”, reconoció en un audio que desnuda la podredumbre del Gobierno.
La vergüenza no tiene límites, y la hipocresía tampoco. Acorralado por la Justicia y por su propia “lengua suelta”, el exdirector de la Agencia Nacional de Discapacidad (ANDIS), Diego Spagnuolo, tuvo que tragarse sus propias mentiras y confesar que la voz que se escucha en los explosivos audios donde se pactan coimas es, inefablemente, la suya. Sin embargo, lo hizo no para asumir su responsabilidad en una red de saqueo a los más vulnerables, sino con el cínico objetivo de constituirse en víctima de una maniobra de espionaje ilegal.
El vergonzoso teatro legal fue revelado por el periodista Ariel Zak en Minuto Uno por C5N. Mientras en la causa principal los abogados de Spagnuolo se aferraban a la mentira más burda —llegando a peritar que los audios habían sido manipulados con inteligencia artificial y forzando a la Gendarmería a desdecirse sobre su aptitud para comparaciones vocales—, en una causa paralela el exfuncionario cambiaba el disco.
Ante la Cámara Federal, y tras el bloqueo de los jueces Roberto Boico y Eduardo Farah para que se lo acepte como querellante por falta de pruebas, Spagnuolo soltó la bomba: “Del contenido de aquellos audios surge que la voz del interlocutor pareciera ser la del suscripto; luciendo evidente que soy el sujeto que habría sido víctima de la maniobra de espionaje aquí investigada”. Es decir, el mismo hombre que intentó voltear las pruebas de su corrupción alegando deepfakes, ahora admite que es él para pedirle al Estado que lo proteja como víctima de un espionaje. Una maniobra de distracción tan transparente como miserable.
El “kiosquito” de la mafia oficial
Pero más allá de las piruetas legales del exfuncionario, lo que verdaderamente escandaliza y enardece es el contenido de esas grabaciones, filtradas en agosto de 2025 y reveladas por Mauro Federico en Argenzuela por C5N. Los audios, grabados con una pasmosa naturalidad en una reunión privada en un bar, desnudan no solo la existencia de una cadena de corrupción, sino la complicidad y el conocimiento que la cúpula del Gobierno tenía sobre el “choreo” generalizado.
“Él no está metido, pero es toda la gente de él. Entonces van a pedirle guita a la gente. A los prestadores le van a pedir guita”, dispara Spagnuolo, construyendo la coartada perfecta del líder que “no sabe” pero que permite que su entorno saquee a los proveedores del Estado.
La moralidad de la administración se cae a pedazos cuando Spagnuolo relata su propia conversación con el presidente. “Fui y le dije: Javier, escuchame, yo estoy denunciando todo el choreo, todo esto, y abajo tengo gente que va a pedir guita… Entonces Javi, ¿qué hago?”, se escucha en el audio. La respuesta del entorno, el silencio cómplice o la luz verde, es el sello de una gestión que convirtió la función pública en un remate.
Y porque la codicia no tiene techo, el propio Spagnuolo minimiza el delito llamándolo un “kiosquito” de “20-30 dólares por mes”, una cifra que contrasta obscenamente con el “medio palo para arriba de medicamentos por mes” que, según sus propias palabras, se embolsa una operadora vinculada a los Menem.
Los nombres propios del saqueo
El exdirector de ANDIS no deja margen para la duda ni para las negativas de rigor. Los responsables de esta red de extorsión y coimas tienen nombre y apellido: Lule Menem y Karina Milei.
“Lule lo que está haciendo. Está choreando de una manera. A mí me están desfalcando la gente”, se queja Spagnuolo, revelando las internas de la mafia y cómo él mismo era parte de un engranaje que, a su criterio, se le estaba yendo de las manos. “Esto es un cachito así al lado de todo el quilombo que están haciendo”, admite, confirmando que lo que se conoce es apenas la punta del iceberg de un aparato de robo sistemático.
El miedo a la caída inminente se filtra en sus palabras. Mientras se jacta de la entrevista que le hizo Alejandro Fantino (“Me dice ‘Diego, vos sos bueno, sos esto, sos lo otro'”), la paranoia lo delata: “A la primera que se van a llevar puesta es a Karina”, sentencia, confirmando que la hermana del presidente es el eslabón más visible y vulnerable de un negocio que huele a podrido desde los cimientos.
Hoy, la Justicia tiene en sus manos la confesión de un exfuncionario que intentó burlarse de los tribunales. Pero la sociedad ya tiene el veredicto: bajo la fachada de la “motosierra” y el discurso anticorrupción, se escondía un “kiosquito” dispuesto a comerciar con la necesidad de los discapacitados y a llenar los bolsillos de los apellidos que hoy governan. La caída de Spagnuolo es solo el primer dominó de un escándalo que ya no tiene cómo ser ocultado.









