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Marcha de jubilados: la heladera terrorista

Otro miércoles protagonizado por jubiladas y jubilados, que tuvo como novedad la noticia de que Patricia Bullrich y el gobierno bajaron el capítulo de venta de tierras a extranjeros en su turbia Ley de Inviolabilidad de la Propiedad Privada. Un triunfo de la movilización de estos días, pero de todos modos se mantendrá la marcha prevista para este jueves. La aparición de jóvenes del radicalismo. Las banderas y carteles y los mensajes sobre el presente de la levotiroxina y de ciertos electrodomésticos.  

(Por Lucas Pedulla para lavaca.org).- Antes de bajarse de la línea B del subte porteño en Callao y Corrientes, o de tomarse el ferrocarril San Martín desde su conurbana Bella Vista, incluso antes del primer matecito de la mañana, lo primero que Ana Tapia hace todos los miércoles, porque en verdad lo hace todos los días, es tomar levotiroxina, un medicamento para la tiroides. 

–Yo tenía nada más que dos nódulos, pero desde que me gasearon por primera vez hace dos años, todo lo que me metieron en la cara me provocó muchísimos más ganglios, más nódulos. Ahora me cambiaron la medicación para ver si voy a cuchillo o se va solo.

Marcha de jubilados: la heladera terrorista
Ana en la marcha, y sus mensajes. Cobra la mínima y hace changas como remisera: «Solo llevo mujeres». Foto Tadeo Bourbon.

Tiene 73 años, el pelo cano coloreado de un tono lila, y un cuerpo que ha soportado balazos de gomas por las fuerzas federales que el gobierno dispone en cada marcha de jubilados y jubiladas. Aquel día de hace dos años el bautismo represivo fue con el gas.

–Me vaciaron un cargador.

La atacaron por detrás –“como cada vez que me atacaron”– mientras llevaba una bandera palestina. “Cuando ponés el cuerpo es algo puede pasar”, se repite como un mantra, y se da fuerza –junto a sus compañeras y compañeros de la organización Jubiladxs Insurgentes– para seguir cada miércoles, con lluvia furiosa o sol inclemente, en la plaza. 

Marcha de jubilados: la heladera terrorista
Foto: Tadeo Bourbon.

Cada quince o veinte días le suma, entre los semaforazos en Callao y Corrientes y la marcha en el Congreso, una caminata de siete cuadras hasta la calle Mitre a buscar medicamentos para uno de sus seis nietos, que tiene parálisis cerebral. 

–Me jubilé a los 68 años como trabajadora en discapacidad. Lo que me llevó a ese trabajo, tristemente elegido, es mi nieto. Yo era transportista: manejaba una camioneta por barrios de zona noroeste, como Las Catonas (Moreno), Pacheco o Luján, desde las cinco y media de la mañana y, a veces, hasta las doce de la noche, porque llevaba chicos a la universidad

Marcha de jubilados: la heladera terrorista
El presidente argentino calificó a diversos sectores que se le oponen como «terroristas». Foto: Tadeo Bourbon.

Ana trabajaba con amigos y familiares. No les gustaba llamarlo “empresa”, porque no se consideraban “empresarios”, y todo lo que entraba por la facturación a las obras sociales se repartía equitativamente. Al jubilarse, a ninguno de sus tres hijos varones les sorprendió que mamá siguiera militando, ahora por sus haberes: Ana es una de las infaltables en cada ronda de Madres de Plaza Mayo, todos los jueves a las 15.30, frente a la Casa Rosada. También milita en la comisión de sobrevivientes, familiares y compañeros de Campo de Mayo, uno de los centros clandestinos de detención en la última dictadura argentina.

Marcha de jubilados: la heladera terrorista
Mujeres que resisten pero no olvidan reir ni bailar. Foto: Tadeo Bourbon.

–Tuve muchísimos compañeros desaparecidos. Como vivía en Villa Martelli (partido bonaerense de Vicente López), lo más posible es que se encuentren en Campo de Mayo. Todavía nos faltan entre cinco mil y siete mil compañeros que pasaron por allí. Estamos luchando por un espacio de memoria y que se investigue y se rastrille, porque esa tierra tiene mucho que contar. Para eso, que se vayan los militares de ahí es fundamental. 

Por esos reciclamientos de la política argentina, hoy podría pasar como una “terrorista disfrazada”, tal como definió recientemente el presidente Javier Milei a los sectores críticos –nombró particularmente a “estudiantes”, “periodistas”, “profesores” e “investigadores”–, y como ya fue gaseada y baleada en varias oportunidades, el mote no sería extraño.

–Somos la generación del setenta. Nos tocó esa: te persiguen, te quieren matar o desaparecer. Mis nietos ya saben toda la realidad porque la viven. A veces me acompañan a las marchas. No tengo algo que me llene más que la militancia, porque en verdad lo que está mal es este sistema. Todo lo que involucra una lucha que tenga una injusticia me marca el lugar en el que tengo que estar. Es una enseñanza de Norita Cortiñas.

Marcha de jubilados: la heladera terrorista
Gorro de exhibición. Foto: Tadeo Bourbon.

Ana cobra la jubilación mínima –un haber de $419.827 más un bono de $70.000– y a veces hace changas como remisera –“llevo solo mujeres”– o ayuda en una parrilla familiar en General Rodríguez los viernes, sábados y domingos. En la plaza, todos los miércoles, se pone la pechera de la comisión Campo de Mayo, sus pins de Palestina y de Floreal Avellaneda –estudiante de 15 años desaparecido en 1976 en ese campo de concentración cuyo cuerpo fue arrojado al Río de la Plata por los vuelos de la muerte–, su pañuelo por el aborto legal, su cadenita con el símbolo de las Madres, y una bandera wiphala, entre otros accesorios políticos. Hoy también lleva dos carteles:

  • “Las Malvinas son argentinas, las jubiladas también”.
  • “La deuda es con el pueblo, no con el FMI”.

La marcha comienza. Se canta que al gobierno lo va a “echar” una huelga general y que “la patria no se vende”: durante la caminata llega la noticia de que la senadora Patricia Bullrich ordenó el retiro del capítulo de venta de tierras sin límite a extranjeros que iba a votarse este jueves con la Ley de Inviolabilidad de Propiedad Privada, pero todos refuerzan la necesidad de sostener la manifestación convocada para este jueves al mediodía. Un jubilado lleva un cartel con la bandera argentina que dice: 

  • “Juraron defenderla, no venderla”. 

En otro cartel se lee, como respondiendo a Milei y sus acusaciones a quienes lo cuestionan como “terroristas”:   

  • “Heladera vacía sin trabajo es terrorismo de Estado”. 
Marcha de jubilados: la heladera terrorista
Breve editorial político II. Foto: Tadeo Bourbon.

Alrededor marchan chicas y chicos con boinas blancas: son de la Juventud Radical de CABA. “Vamos los radichas”, los reciben y saludan jubilados de todos los colores. ¿Otro signo de estos tiempos? 

Ana espera que la gente se despierte.

–Nos estamos quedando sin país, lo están rifando. Están quemando el futuro de nuestros nietos. Lo único que les vamos a dejar como herencia es aprender a luchar. Lo único que espero es que mañana no tengan los votos. Nada se consigue si no es con lucha.

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