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Patrimonios que vuelan y bolsillos que caen: la otra cara del relato libertario

Mientras el gobierno de Javier Milei pregona ajuste y sacrificio, las principales figuras de su gabinete multiplican sus riquezas muy por encima de la inflación, en un contexto donde la clase media retrocede y la pobreza se profundiza.

Aquel eslogan que supo corear el oficialismo, “la casta tiene miedo”, hoy parece haber mutado en una versión más incómoda: la casta tiene miedo, pero a la competencia. Porque mientras se exige austeridad hacia abajo, los números hacia arriba cuentan otra historia, difícil de explicar y aún más de justificar.

El crecimiento patrimonial de los principales funcionarios del gobierno libertario no solo supera ampliamente la inflación, sino que contrasta de manera brutal con la realidad de millones de argentinos. En un país donde los salarios registrados cayeron un 5,1% en términos reales, algunos despachos oficiales parecen vivir en otra dimensión económica.

El caso del jefe de Gabinete, Manuel Adorni, es paradigmático: incrementó su patrimonio en un 319% en poco más de un año de gestión. Pasó de declarar 25 millones de pesos a más de 107 millones, en un período donde la inflación acumulada fue del 173%. Entre compras de vehículos, movimientos de divisas y deudas llamativamente elevadas —incluso con familiares y allegados—, su evolución patrimonial despierta más preguntas que certezas.

Pero no es un caso aislado. La secretaria general de la Presidencia, Karina Milei, registró un salto del 569% en sus bienes. De un modesto patrimonio previo a su ingreso a la función pública, pasó a multiplicar sus depósitos, en paralelo a su creciente influencia política.

En tanto, el ministro de Economía, Luis Caputo, exhibe cifras aún más impactantes: su patrimonio creció un 413%, alcanzando niveles millonarios en gran medida vinculados a inversiones en el exterior. El mismo funcionario que impulsa el retorno de los dólares “del colchón” mantiene la mayor parte de su riqueza fuera del país.

El propio Javier Milei tampoco quedó al margen de esta tendencia: su patrimonio aumentó un 276%, superando holgadamente la inflación. Un dato que choca de frente con el discurso de crisis permanente que justifica el ajuste.

Algunos casos, como el del canciller Pablo Quirno, muestran una evolución más alineada con la inflación. Otros, como el de la ministra Sandra Pettovello, incluso reflejan una pérdida relativa de patrimonio. Sin embargo, lo que sobresale es la tendencia general: los de arriba logran sostener —o aumentar— su riqueza, mientras los de abajo pierden.

Las declaraciones juradas, lejos de aportar transparencia, dejan zonas grises: propiedades que no aparecen, valuaciones congeladas en contextos inflacionarios, deudas que crecen de manera funcional a justificar incrementos patrimoniales. Prácticas conocidas, recicladas en un gobierno que prometía ser distinto.

En definitiva, el problema no es solo cuánto crecen los patrimonios oficiales, sino en qué contexto lo hacen. Porque mientras el relato insiste en que no hay plata, los números parecen demostrar que, al menos para algunos, nunca hubo tanta.

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