El periodista económico tomó como punto de partida un video institucional difundido por empresarios del sector energético para plantear una crítica al Régimen de Incentivo para Grandes Inversiones. Sostuvo que el esquema favorece enclaves exportadores de alta rentabilidad, pero amenaza la integración productiva y el desarrollo del mercado interno.
El periodista especializado en economía Alejandro Bercovich dedicó un extenso editorial a analizar el impacto del Régimen de Incentivo para Grandes Inversiones (RIGI), al que definió como una herramienta que puede conducir a la “primarización de la economía” y a la destrucción del mercado interno argentino.
Bajo el título “La trampa del RIGI: primarizar la economía y destruir el mercado interno”, Bercovich tomó como punto de partida un video institucional difundido originalmente por Techint para su programa Propymes y luego reivindicado en un evento empresarial del que participaron el ministro de Economía, Luis Caputo, y el empresario Marcelo Mindlin, titular de Pampa Energía.
La pieza audiovisual describe la compleja red de actividades, trabajadores, industrias y servicios que intervienen para que el gas extraído en Vaca Muerta llegue a una simple hornalla doméstica. A través de una narración que recorre desde geólogos, ingenieros y operarios hasta fabricantes de tubos, vehículos, maquinaria agrícola, alimentos y campamentos, el video concluye que “al encender una llama, se enciende un proyecto de país, un país integrado”.
Bercovich elogió el mensaje y destacó que refleja la importancia de las cadenas productivas nacionales. “Todos esos eslabones que mueve la cadena de la hornalla son eslabones que integran la sociedad y funcionan en la medida en que el país es integrado”, afirmó.
Sin embargo, sostuvo que existe una contradicción entre esa visión y las políticas impulsadas por el Gobierno de Javier Milei a través del RIGI. Según el periodista, los beneficios fiscales, aduaneros y cambiarios otorgados a los grandes proyectos de inversión permiten que los grupos económicos se apropien de una porción creciente de la renta generada por los recursos naturales sin aportar recursos suficientes al financiamiento del Estado.
“Todo ese entramado, toda esa orquesta sinfónica que es un país, no puede funcionar solamente si el dueño de la hornalla o del pozo que saca ese gas se lleva toda la rentabilidad y no paga impuestos”, planteó.
En su análisis, Bercovich reconoció que el desarrollo de Vaca Muerta y otros proyectos energéticos puede contribuir a resolver uno de los problemas estructurales de la Argentina: la escasez de divisas que históricamente provocó crisis recurrentes. No obstante, advirtió que la discusión central pasa por el destino de esa riqueza y por quiénes se benefician de ella.
Como ejemplo, mencionó el caso de Guyana, país que experimentó un fuerte crecimiento económico tras el descubrimiento de grandes reservas petroleras por parte de ExxonMobil. Según señaló, pese al aumento del ingreso per cápita, los niveles de pobreza continúan siendo elevados, lo que demuestra que el crecimiento de las exportaciones no garantiza una mejora automática en las condiciones de vida de la población.
Para el periodista, el riesgo es que Argentina avance hacia un modelo compuesto por “islotes hiper rentables en un mar de pobreza, precariedad y desolación”, en lugar de consolidar una red productiva integrada capaz de generar empleo, industria y desarrollo local.
También cuestionó el ajuste fiscal aplicado por la administración nacional y sostuvo que la reducción del gasto público compromete áreas fundamentales como educación, salud, infraestructura y seguridad social. “Lo que están haciendo para estabilizar la economía es lo que garantiza que después no vaya a derramar”, afirmó.
En el tramo final de su editorial, Bercovich señaló que el debate de fondo no es técnico sino político y económico: si la riqueza generada por los recursos energéticos servirá para impulsar un proyecto industrial y fortalecer el mercado interno o si terminará consolidando un modelo basado en la exportación de materias primas.
“Los dueños procuran otra cosa: consolidar un proyecto primario y evitar que esa ventaja comparativa que tiene el país se articule en un proyecto industrial”, sostuvo. Y concluyó reivindicando la idea de un país integrado, donde el crecimiento económico permita que profesionales, técnicos y trabajadores puedan vivir de su actividad sin depender de empleos precarios para completar sus ingresos.










