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El embajador Lamelas dicta condiciones en suelo argentino como si fuera un funcionario más: Neuquén y Vaca Muerta, el botín en disputa

Mientras el gobierno argentino calla y otorga, el embajador de Estados Unidos, Peter Lamelas, se permite recorrer el país imponiendo directrices sobre qué tecnología pueden usar las empresas argentinas, con quién pueden comerciar y bajo qué condiciones se “autorizarán” las inversiones extranjeras. No lo hace como un diplomático invitado: lo hace como un funcionario con poder de veto sobre decisiones soberanas. Y lo hace ante la mirada cómplice de una Casa Rosada que, lejos de defender la autonomía nacional, se pliega en silencio a cada exigencia de Washington.

El doble juego: de la “reunión de distensión” al discurso de sometimiento

Este miércoles, Lamelas recibió a una delegación de la Cooperativa Provincial de Servicios Públicos y Comunitarios de Neuquén Limitada (CALF). El encuentro fue presentado como un gesto para bajar la tensión tras las amenazas de funcionarios estadounidenses de restringir visas a directivos vinculados con Huawei, una presión que la propia cooperativa denunció ante la Cancillería argentina.

Pero la farsa duró horas. Este jueves, durante el encuentro de AmCham en el Hotel Alvear Icon de Buenos Aires, Lamelas volvió a erigirse en juez de las decisiones comerciales argentinas. Ante empresarios, dictaminó que la tecnología china en sectores estratégicos representa una amenaza a la “seguridad nacional” y condicionó la llegada de inversiones a Vaca Muerta a la exclusión de proveedores como Huawei. No sugirió. No opinó. Impuso. Como si la política tecnológica argentina se redactara en la embajada de la avenida Colombia.

El gobierno argentino, ausente o subordinado

Lo más grave no es la arrogancia del embajador: es la inacción del gobierno nacional. Ningún funcionario de la Cancillería, ningún ministro, ningún vocero presidencial salió a recordarle a Lamelas que en Argentina las decisiones las toman los argentinos. El silencio oficial opera como una validación tácita: el mensaje es claro, Washington manda y Buenos Aires obedece.

La disputa que comenzó como una negociación tecnológica entre CALF y Huawei —revelada por Sur Política— escaló hasta convertirse en un capítulo de la competencia entre Estados Unidos y China por el control estratégico de la Patagonia. Y el Estado argentino, en lugar de arbitrar en defensa del interés nacional, se corrió del tablero para dejar que las potencias jueguen su partido en territorio propio.

Neuquén resiste: el cooperativismo como trinchera de autonomía

A kilómetros del Hotel Alvear, el Museo Nacional de Bellas Artes de Neuquén ofreció una postal opuesta. Marcelo Severini, presidente del Consejo Directivo de CALF, encabezó una jornada del movimiento cooperativo que se transformó en una declaración de principios: hasta dónde puede llegar la presión de una potencia extranjera sobre una empresa argentina y cuál es el margen de autonomía para decidir con quién comerciar.

La presencia del diputado nacional Pablo Todero, impulsor de la convocatoria a una comisión del Congreso para abordar el episodio; la actividad de Sergio Fernández Novoa; y la participación del jefe de ATE Neuquén, Carlos Quintriqueo, le dieron al encuentro una dimensión política que trasciende lo gremial. La declaración del cooperativismo neuquino funcionó como respuesta directa a la presión externa: en una semana en que Washington instaló su disputa con Beijing en el corazón de la Patagonia, defender la autonomía de una cooperativa se volvió un acto de soberanía.

China responde y el tablero queda expuesto

Beijing no se quedó callado. La Embajada de China respondió públicamente a Lamelas y denunció la política de presión contra empresas argentinas que buscan trabajar con compañías chinas. Huawei, por su parte, defendió su trayectoria en el país y rechazó las acusaciones de espionaje. La disputa ya no es tecnológica: es geopolítica, energética y territorial.

Vaca Muerta: el verdadero botín detrás del discurso

El dato que subyace a toda esta operación no es Huawei. Es Vaca Muerta. La cuenca neuquina dejó de ser un activo energético para transformarse en pieza de la estrategia global. Estados Unidos busca ampliar su presencia en petróleo, gas, infraestructura, tecnología y financiamiento. AmCham ya prepara para fines de agosto una actividad en Neuquén con recorridas por Vaca Muerta y reuniones con autoridades provinciales, legisladores y empresas. Washington no discute sobre redes de datos: se posiciona sobre infraestructura, energía y financiamiento. Quiere decidir cómo, cuándo y con quién se explota la principal reserva de hidrocarburos no convencionales del país.

China, que durante años consolidó vínculos comerciales y financieros con Argentina, intenta preservar su espacio. Y en el medio queda Neuquén, con una discusión de poder que recién comienza.

La pregunta que el gobierno no responde

Del Hotel Alvear a Neuquén, el mensaje quedó expuesto con crudeza: Washington marca condiciones para su participación en la economía argentina como si tuviera derecho a veto. Beijing no se retira. Y el gobierno argentino, que debería ser el garante de la soberanía, permanece mudo.

La pregunta es inevitable: ¿quién gobierna en Argentina? ¿El presidente electo por los argentinos o el embajador designado por la Casa Blanca? Mientras la respuesta siga siendo el silencio, la autonomía nacional seguirá siendo una promesa vacía.

(Con información de Sur Política)

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