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El Necronomicon de Milei (Opinión)

Milei le entregó a su Gabinete ejemplares de “Defendiendo lo indefendible” de Walter Block. No es otro libro berreta de fantasía libertariana, es un manual de inhumanidad criminal con instrucciones muy precisas. No es un proyecto económico, no es cultural, no es político: es demoníaco… o como mínimo, inconstitucional.

(Por Juan Grabois para Diario Red).- Lo que éstos diecisiete potentados de la casta llevan en la mano no es otro libro berreta de fantasía libertariana: es un libro de magia negra. Un grimorio burdo surgido de la pluma de un escriba mediocre, un matoncito del malvado, un gremlin con anteojos… pero así y todo, sigue siendo un manual de inhumanidad criminal con instrucciones muy precisas. Un tratado de necronomía aplicada.

La doctrina blockiana que Milei instituye como mandamiento para su corte consagra como virtudes los actos más infames que permite la condición humana: la trata de personas, el esclavismo, el proxenetismo, la extorsión, el narcotráfico, la explotación infantil, la evasión impositiva, el lavado de activos, la venta de órganos, la discriminación de todo tipo.

Son los ingredientes con los que van cocinando la peor tiranía. Es un rugido gutural de guerra contra la humanidad. La obligación de todo ser moral y consciente es enfrentarlo.

No se trata de otra provocación circense del bufón de Washington. No es un “panic show a plena luz del día” de un rockero fracasado. Es la hoja de ruta para la instauración de una nueva tiranía ¿qué esperamos para poner un límite a esta perversidad? ¿que se ponga a regalar el Mein Kampf?

La distribución de este manual como texto de adoctrinamiento oficial para el personal jerárquico del estado argentino es un hecho de enorme gravedad y constituye una alevosa apología a los más graves delitos.

No hay que tomárselo a la chacota. La naturalización narrativa del mal lleva tarde o temprano a su realización práctica.

La doctrina que Milei pretende inocular no sólo atenta contra las normas de moralidad más elementales sino que desafía abiertamente la Constitución Nacional. La publicación desde los sitios de difusión institucionales de la presidencia confirma que no se trata de un regalito navideño.

Es una definición de necropolítica. El proyecto de Javier Milei no es económico, no es cultural, no es político: es demoníaco… o como mínimo, inconstitucional.

En la foto, vemos un conjunto de individuos serviles posando munidos de su flamante testamento junto a su falso profeta, un mandatario que invoca “fuerzas del cielo” de dudosa beatitud como fundamento de su poder.

Quien hoy enloda la investidura presidencial viene destilando su veneno reptiliano hace tiempo: ya ha otorgado la dignidad heroica a los criminales de guante blanco en sus banquetes fastuosos, ya ha decretado desde el púlpito de un templo que la justicia social es un pecado capital.

El fotogénico Reichsregierung tercermundista que conjuró Milei ya no es más un conjunto de colaboradores del poder ejecutivo de una república democrática occidental. Es una secta. Su doctrina oficial, compendiada en ese librejo repugnante, es un catálogo de ignominias que instruyen a sus creyentes en los ritos de Mammon para el sacrificio humano.

No importa si el lector de este artículo es creyente, los diecisiete que han optado actuar “defendiendo lo indefendible” sí creen. Están firmando un contrato mefistofélico. La exégesis de esta fotografía dantesca -al igual que el Fausto de Goethe o el Paraiso Pedido de Milton- puede realizarse teológica o alegóricamente.

El resultado es el mismo porque los sujetos retratados están practicando un rito de iniciación, un juramento biométrico de lealtad similar a la punciuta que los mafiosos admirados por Milei realizaban con los neófitos…. “y que su carne arda si traicionan”.

Si en la conciencia de alguno de los partícipes de la misa negra de Milei todavía queda algo de humanidad… que salga de ahí, que salga de ahí mientras pueda.

Este compendio de maldad promovido por Milei no instituye únicamente abominaciones morales sino delitos perfectamente tipificados en las leyes argentinas y los tratados internacionales.

Fuera de toda hermenéutica espiritual, la mera promoción de las acciones que prescribe el protocolo mileiano viola ostensiblemente los artículos 212 y 213 del Código Penal agravados por el carácter de funcionario público de sus autores.

Hay penas de cumplimiento efectivo para eso, pero esta gente tiene el poder, las conexiones y los recursos para “defender lo indefendible”… por ahora.

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