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TRAGEDIA ANUNCIADA EN CHOELE CHOEL: La “ruleta rusa” de las calles cobra sus víctimas ante la mirada ausente del Municipio

Un peatón de 75 años terminó en el hospital tras ser embestido por un joven de 18 años en una de las intersecciones más caóticas de la ciudad. Mientras la Av. San Martín y el Paseo Jesús Zuain son un escenario de velocidad temeraria, veredas ocupadas y motos sin luces, el funcionario a cargo del control brilla por su ausencia. Vecinos cansados de reclamar al vacío denuncian que el descontrol no es un descuido, sino una “política de hecho”.

La ausencia total de control de tránsito dio sus frutos. Tal como se viene advirtiendo desde hace tiempo, las calles de Choele Choel se han convertido en una verdadera ruleta rusa donde la vida de los peatones pende de un hilo. Anoche, la imprudencia y la falta de Estado se cobraron una nueva víctima: un hombre de 75 años resultó lesionado de gravedad tras ser embestido por una motocicleta.

El siniestro ocurrió cerca de las 19:30 horas en la intersección de Av. San Martín y General Palacios, frente a un local gastronómico. Según las primeras averiguaciones, la motocicleta circulaba a toda velocidad por San Martín cuando impactó al anciano que cruzaba la calle. El conductor, un joven de 18 años, inicialmente se dio a la fuga, aunque posteriormente se presentó en el lugar junto a sus familiares en forma espontánea para hacerse cargo de la situación. La Fiscalía de turno ya dispuso el inicio de actuaciones por lesiones culposas y la imputación del menor.

Sin embargo, lo más indignante no es solo el hecho en sí, sino el contexto en el que ocurrió. La víctima recibió asistencia inmediata gracias a la casualidad: una profesional médica que transitaba por el sector en su vehículo particular se detuvo para socorrerlo antes de su traslado al hospital local. Porque en Choele Choel, la seguridad de los ciudadanos parece depender más de la buena fortuna de un transeúnte que de la presencia del Estado.

La Av. San Martín y el Paseo Zuain: un territorio hostil

Tal como venimos publicando en “PerspectivaVM”, la Av. San Martín (especialmente en el tramo entre Urquiza y Palacios) y el paseo Jesús Zuain son epicentros del caos. Motos a toda velocidad, muchas de ellas sin luces reglamentarias, la inmensa mayoría de los motociclistas sin casco, y autos a velocidades inadecuadas.

Las tardes en estos sectores se transforman en un escenario de caos previsible: grupos de motociclistas con escapes libres rugen desafiando el sentido común y el oído de toda la comunidad. Automovilistas sobrepasan por la derecha con total naturalidad, chicos en bicicleta ejecutan maniobras peligrosas o circulan a toda velocidad por las veredas, y paseadores de perros sin correa dejan a los animales a merced de conductores temerarios que aprietan el acelerador como si quisieran vencer algún récord inexistente. ¿Qué podría salir bien en este panorama?

El barrio Mansilla y los “inspectores ciudadanos”

Mientras autos y motos ocupan veredas, circulan a velocidades temerarias y convierten cada calle en una trampa mortal, la autoridad responsable del control mira para otro lado. En el barrio Mansilla, la postal se repite con una constancia que ya no sorprende pero sí indigna: vehículos estacionados en lugares prohibidos, bloqueando rampas para discapacitados, ocupando esquinas y reduciendo la vía pública a un laberinto donde caminar es un acto de riesgo.

Los reclamos de vecinos y vecinas son numerosos, reiterados y, sobre todo, ignorados. Tan ignorados que la comunidad ha tenido que convertirse en fiscalizadora: envían fotos, documentan y visibilizan el desastre.

“La gente, incluso abuelos y niños, no tiene por qué ponerse en riesgo por esta clase de personas. Ayer una abuela con bastón tuvo que bajar a la calle por este energúmeno”, relata un lector con la bronca contenida de quien ya perdió la esperanza de que alguien actúe. Porque tal vez —y esta es una hipótesis que cuesta descartar— quienes gobiernan pasan sus jornadas entre cuatro paredes y desconocen por completo lo que ocurre en las calles que juraron cuidar.

El funcionario ausente

Conviene ser precisos: la responsabilidad no recae sobre las y los inspectores de tránsito, empleados sujetos a las órdenes de sus superiores. El señalamiento apunta directamente, y sin atenuantes, al funcionario o funcionaria que tiene bajo su cargo el control del tránsito en la localidad. Basta salir a cualquier arteria transitada para comprobar que esa función, si alguna vez existió como política activa, hoy brilla por su ausencia.

Hay una certeza que recorre las calles de esta ciudad con más fuerza que cualquier vehículo: la ausencia total de controles no es un descuido pasajero, es una política de hecho. Y sus consecuencias las pagan, cada día, las y los peatones que se ven obligados a bajar a la calzada porque una camioneta o un auto decidieron que la vereda también es suya.

Las malas maniobras son moneda corriente. Los vehículos circulan a velocidades incompatibles con la vida urbana, como si las calles de Choele Choel fueran una pista sin límites. Si la cuenta de siniestros no es más trágica, no es mérito de quienes deben prevenir, sino de la prudencia de quienes caminan.

Lo más grave de todo no es un hecho aislado. Es la acumulación. Autos mal estacionados, motos sobre las veredas, vehículos sin luces circulando de noche. Nada de esto es excepcional: es la normalidad instalada. Y una normalidad así no se corrige sola. Se corrige con decisión política, con presencia en la calle, con una rutina de control que ordene y sancione.

Nada de esto podría suceder si el funcionario responsable tuviera una política de control clara y le diera a sus inspectores las herramientas y las instrucciones para aplicarla. Pero mientras esa política no exista, Choele Choel seguirá siendo una ciudad donde manejar sin respetar la ley no tiene consecuencia alguna, y donde cruzar la calle sigue siendo, para muchos, un mero acto de fe.

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