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Vecinos de “Los Depa” en Choele Choel denuncian inseguridad, mal uso de espacios y presencia de actividades delictivas

En el barrio Mansilla, conocido popularmente como “Los Depa”, los residentes alertan sobre el estacionamiento indebido de vehículos en zonas peatonales, la proliferación de perros sin control y la presunta instalación de personas vinculadas al narcomenudeo. “Espero que no pase algo para que recién se pueda hacer algo”, expresó una vecina que pidió reserva de identidad.

En el corazón del barrio Mansilla, más conocido por sus habitantes como “Los Depa”, una queja se repite entre los vecinos: las veredas internas y espacios verdes, históricamente destinados al tránsito peatonal y al juego de los niños, hoy están ocupados por vehículos que sus dueños estacionan “por comodidad” o para “tenerlos a la vista”.

“Apelo a la solidaridad de los vecinos del barrio Mansilla que tienen vehículos y los dejan dentro del barrio. Hay un muchacho que está haciendo mantenimiento y gracias a eso se ven las veredas tan lindas que tenía el barrio. Los vehículos tienen estacionamiento afuera”, comentó una residente a este medio, quien solicitó no revelar su identidad para evitar conflictos con personas con las que debe convivir diariamente.

La vecina destacó que el acceso indiscriminado de autos, camionetas y hasta vehículos de gran porte no solo deteriora el espacio público, sino que pone en riesgo a los niños que juegan en la zona. “Entran vehículos de distintos tamaños y por dónde sea, sabiendo que es un barrio donde muchos niños juegan. Espero que no pase algo, para que justamente se pueda hacer algo y evitar”, añadió con preocupación.

Perros, falta de organización y un consenso que nunca llegó

Pero el mal estacionamiento no es el único problema que afecta a esta importante barriada. Otro foco de conflicto es la gran cantidad de perros que circulan sin control, provenientes tanto del interior del barrio como de sectores aledaños.

“Cuando entregaron los departamentos estaba prohibido tener perros, cosa que nunca se cumplió. También había que organizar un consorcio y pagar una cuota mensual para el mantenimiento del barrio. Tampoco eso funcionó nunca, ni acá ni en ningún lugar de la provincia”, relató un vecino histórico del lugar, quien lleva décadas viviendo en la zona.

La falta de regulación y de un órgano de administración efectivo ha generado que el deterioro de los espacios comunes se acelere, a pesar de los esfuerzos individuales, como el del joven que se ocupa del mantenimiento de las veredas.

Alquileres sospechados y temor por la inseguridad

El tercer y más delicado tema que mencionan los residentes es la presencia de personas que alquilan viviendas en el barrio y que, según rumores, provendrían de localidades vecinas. Se especula, sin confirmación oficial, que algunas de estas personas estarían vinculadas a actividades delictivas, incluyendo hurtos y narcomenudeo.

“Dicen que el intendente de Lamarque les paga el alquiler acá para sacárselos de encima, pero eso es muy difícil de comprobar. Sí se sabe que varios de esos pibes son de Lamarque y que nunca se los ve trabajar; por tanto, uno deduce que en algo andan, porque nadie vive del aire”, comentó una vecina, quien aseguró que evita salir al atardecer.

Esta residente explicó que realiza sus compras y movimientos temprano, y que al caer la tarde prefiere resguardarse en su vivienda. “Lo que se escucha en las escaleras, pasillos y patio da temor”, confesó.

A pesar del clima de inseguridad, la misma vecina mostró comprensión hacia quienes estacionan dentro del barrio por miedo a que les roben o dañen sus vehículos: “Me molesta que dejen los autos en cualquier lugar; de hecho, hay camionetas de una concejal que siempre las deja ahí. Pero también entiendo que, si no los tienen a la vista, es posible que los dañen o les roben las ruedas, porque esto de noche es tierra de nadie”.

Un llamado a la convivencia y a la acción municipal

Los vecinos consultados coinciden en que la solución requiere de dos frentes: mayor conciencia ciudadana para respetar los espacios comunes y una presencia más activa de las autoridades municipales para garantizar la seguridad y el orden.

Mientras tanto, en “Los Depa” la vida continúa entre la esperanza de que se preserve la tranquilidad del barrio y el reclamo silencioso de quienes, día a día, intentan cuidar lo que construyeron entre todos.

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