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Escudo de las Américas: Milei se suma a la ofensiva trumpista para recolonizar la región bajo la bandera de la “libertad”

El presidente argentino participa este sábado en Miami de una cumbre convocada por Trump que, bajo el discurso de combatir el narcotráfico y la migración, busca consolidar una nueva Doctrina Monroe para frenar la influencia de China y Rusia, mientras profundiza en casa el modelo extractivista que sacrifica derechos laborales y bienes comunes.

En una nueva demostración de alineamiento incondicional, el presidente Javier Milei encabeza este sábado la delegación argentina en el “Escudo de las Américas”, la cumbre ideada por Donald Trump en el Trump National Doral Miami para reagrupar a los gobiernos latinoamericanos afines bajo una estrategia geopolítica que Washington disfraza de “libertad, seguridad y prosperidad”, pero que no oculta su verdadero objetivo: contener a toda costa el avance de China y Rusia en el hemisferio. La reunión, programada desde las 14 hora argentina, consolida una coalición de doce países seleccionados por su adhesión ideológica, mientras excluye deliberadamente a potencias regionales como Brasil y México, evidenciando que la agenda no es de integración, sino de subordinación.

La secretaria de Prensa de la Casa Blanca, Karoline Leavitt, confirmó que el encuentro buscará “abordar bandas narcoterroristas” y “enfrentar la migración ilegal”, pero las declaraciones previas de funcionarios estadounidenses desnudan una lógica de intervención encubierta. Stephen Miller, asesor de Seguridad Nacional, advirtió que Estados Unidos “no cederá ni una pulgada de territorio del hemisferio” a sus “enemigos”, mientras Kristi Noem —designada enviada especial tras ser desplazada de la Secretaría de Seguridad Nacional— asumirá el rol de articular una ofensiva que, bajo la retórica antinarco, habilita el uso de “poder duro y fuerza letal”. No es cooperación: es la reedición agresiva de la Doctrina Monroe, actualizada para el siglo XXI con el mismo espíritu imperial que históricamente ha sometido a América Latina.

La lista de invitados confirma el criterio: Argentina, Bolivia, Chile, Costa Rica, República Dominicana, Ecuador, El Salvador, Honduras, Panamá, Trinidad y Tobago, Paraguay y Guyana. Todos gobiernos que han mostrado afinidad con la agenda conservadora de Trump. La ausencia de Brasil y México no es casual: refleja la fractura que Washington promueve intencionalmente en la región para debilitar cualquier intento de autonomía colectiva. Mientras Claudia Sheinbaum, presidenta de México, evitó pronunciarse sobre la cumbre, el silencio oficial de Lula da Silva habla por sí solo: no todos están dispuestos a firmar un cheque en blanco para la nueva cruzada estadounidense.

Para Milei, esta participación no es un hecho aislado, sino un eslabón más en su estrategia de entrega. Tras la cumbre en Miami, el mandatario viajará a Nueva York para la llamada “Argentina Week”, evento organizado por la embajada argentina junto a JPMorgan y Bank of America cuyo objetivo explícito es “atraer capitales extranjeros”. En criollo: acelerar la privatización de recursos estratégicos —minería, energía, minerales críticos— en un contexto de devastación social. Diez gobernadores alineados con el ajuste integran la comitiva, listos para ofrecer territorios y mano de obra barata a los grandes fondos de inversión, mientras en el país se destruyeron 300 mil puestos de trabajo registrados y cerraron 22 mil empresas desde que asumió el actual gobierno.

El discurso oficial intenta vender esta ofensiva como una oportunidad de “prosperidad”, pero los números y las políticas concretas cuentan otra historia: precarización laboral, derechos pisoteados, ecosistemas devastados y comunidades desplazadas por el extractivismo. Mientras Trump desata una nueva guerra en Medio Oriente junto a Israel y amenaza con llevar a Irán a una “muerte segura”, Milei replica en el sur global la misma lógica de sumisión: sacrificar soberanía, trabajo y naturaleza en el altar de una alianza que solo beneficia a las élites transnacionales.

Lo que está en juego en el “Escudo de las Américas” no es la libertad que pregona la Casa Blanca, sino la profundización de un modelo que convierte a nuestros países en zonas de sacrificio. Frente a la retórica de “seguridad hemisférica”, la respuesta debe ser la defensa de la autodeterminación, la justicia social y la protección de los bienes comunes. Porque cuando Washington habla de “proteger el hemisferio”, en realidad está protegiendo sus propios intereses. Y Milei, una vez más, elige estar del lado equivocado de la historia.

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