Tras dos semanas sin clases por la falta de calefacción, familias autoconvocadas exigirán este viernes una solución urgente. El creciente malestar apunta a la inacción de las autoridades educativas y también alcanza al gremio docente, mientras el Gobierno celebra avances en la gestión del sistema educativo.
La paciencia parece haberse agotado. Luego de más de quince días sin clases presenciales por la falta de calefacción en la Escuela Primaria N° 10, padres y madres de alumnos decidieron autoconvocarse para este viernes al mediodía frente a la sede del Consejo Provincial de Educación, ubicada en la esquina de Alsina y Tello, con el objetivo de reclamar una respuesta inmediata que permita normalizar el dictado de clases.
La convocatoria comenzó a circular en grupos de WhatsApp de familias de la institución y, posteriormente, se replicó en redes sociales. El mensaje es claro: hacer visible una situación que consideran inadmisible y exigir que el Estado garantice el derecho a la educación de sus hijos.
El enojo fue creciendo con el correr de los días. En un primer momento, muchas familias optaron por esperar confiadas en que el problema sería resuelto rápidamente. Sin embargo, el tiempo transcurrió sin soluciones concretas y la sensación predominante hoy es la de abandono e indiferencia por parte de quienes tienen la responsabilidad de administrar el sistema educativo.
Según expresan allegados a los padres, los niños ya pasaron 2 semanas sin clases -y van por la tercera semana sin señales- en un momento crítico ya que pronto llegan las vacaciones y siempre antes de eso, se realizan los informes para saber el desempeño del alumnado en la primera mitad del ciclo lectivo.
Pero las críticas no se limitan a las autoridades provinciales. También alcanzan al gremio docente UnTER, al que algunos padres cuestionan por no haber impulsado medidas de mayor presión para encontrar una alternativa que evitara la interrupción del ciclo lectivo o para exigir un espacio provisorio donde pudieran desarrollarse las clases mientras se solucionaba el desperfecto.
“El gremio tiene mucha más capacidad de acción que los padres. A los docentes les descuentan los días de paro con el argumento de que perjudican a los estudiantes, pero en este caso nadie parece haber actuado con la urgencia que merece una situación así. Organizar a las familias es muy difícil porque la mayoría trabaja y dispone de muy poco tiempo para movilizarse”, expresó uno de los padres consultados por este medio.
La convocatoria difundida públicamente sostiene: “Queremos invitar a todas las familias a acompañarnos mañana, viernes 19 a las 12:00 horas, frente al Consejo de Educación, para hacer visible la situación que atraviesa nuestra escuela. Hace dos semanas que nuestros hijos e hijas están sin clases debido a la falta de calefacción en el establecimiento. Mientras los días pasan, los estudiantes continúan sin acceder a la educación que les corresponde. Nos reuniremos para solicitar una solución urgente y exigir que se garantice el derecho a la educación de nuestros niños y niñas, responsabilidad que debe ser asegurada por el Estado.”
El contraste con el discurso oficial resulta inevitable. Mientras las familias preparan una protesta para reclamar algo tan elemental como calefacción y clases normales, el Gobierno provincial difundió recientemente un comunicado celebrando un Encuentro Provincial que reunió a los 15 Consejos Escolares y a las Direcciones de Educación para evaluar las acciones del primer semestre y planificar los desafíos de la segunda mitad de 2026.
La paradoja es difícil de ignorar: si ese ámbito estaba destinado precisamente a revisar el funcionamiento del sistema educativo, cuesta comprender cómo una escuela que lleva medio mes sin actividad por un problema de infraestructura no habría ocupado un lugar prioritario en la agenda. La situación abre interrogantes inevitables sobre el nivel de información que manejan los responsables del área o, en el peor de los casos, sobre el grado de desconexión entre los informes oficiales y la realidad que viven diariamente las comunidades educativas.
Para las familias de la Escuela N° 10, sin embargo, el debate es mucho más concreto. No se trata de balances de gestión ni de comunicados institucionales, sino de niños que hace dos semanas perdieron el acceso efectivo a las aulas mientras esperan una solución que, hasta ahora, sigue sin llegar.










