Con temperaturas de hasta -7°C y una sensación térmica cercana a los -10°C, empleados municipales del cementerio y del centro de acopio de Choele Choel continúan trabajando sin calefacción ni medidas preventivas adecuadas. Pese a que la Secretaría de Trabajo de Río Negro detectó graves irregularidades tras una inspección solicitada por ATE, las deficiencias más críticas siguen sin resolverse, en abierta contradicción con los estándares internacionales de seguridad laboral.
En Choele Choel el invierno dejó de ser una estadística meteorológica para convertirse en un problema de salud laboral. Mientras este jueves el termómetro marcaba -7°C y la sensación térmica descendía hasta -10°C en algunos sectores por efecto del viento, trabajadores municipales del cementerio y del centro de acopio desarrollaban sus tareas sin calefacción y sin las condiciones mínimas que exige cualquier normativa de prevención de riesgos.
La situación no es nueva. Tampoco desconocida por las autoridades.
A fines de marzo, la Secretaría de Trabajo de la provincia de Río Negro realizó una inspección en dependencias municipales a pedido de la Asociación Trabajadores del Estado (ATE). El informe posterior fue contundente: detectó múltiples falencias en materia de seguridad e higiene y requirió al Ejecutivo municipal la corrección de las condiciones que afectan al personal.
Sin embargo, transcurridos varios meses, los reclamos más urgentes permanecen prácticamente intactos. Entre ellos, la falta de calefacción en sectores donde los trabajadores deben permanecer durante horas soportando temperaturas extremas. Apenas algunas observaciones menores fueron subsanadas, mientras los problemas estructurales continúan sin respuesta.
La omisión resulta especialmente grave porque ya no puede atribuirse al desconocimiento. Existe una inspección oficial, existen observaciones técnicas y existen recomendaciones concretas. Lo que falta es la decisión política de cumplirlas.
Un riesgo documentado por la ciencia
Trabajar durante varias horas al aire libre o en instalaciones sin calefacción con temperaturas bajo cero no representa simplemente una incomodidad. Constituye una situación de estrés térmico por frío severo, considerada de alto riesgo por los principales organismos especializados en salud y seguridad ocupacional del mundo.
Instituciones como el NIOSH (Instituto Nacional para la Seguridad y Salud Ocupacional de Estados Unidos), OSHA, la Organización Mundial de la Salud (OMS), el Instituto Nacional de Seguridad y Salud en el Trabajo de España (INSST) y la norma internacional ISO 11079 coinciden en advertir que estas condiciones pueden provocar consecuencias graves para la salud y aumentar significativamente la probabilidad de accidentes laborales.
Entre los riesgos médicos aparecen la hipotermia, cuando la temperatura corporal desciende por debajo de los 35°C; la congelación de extremidades, que en casos severos puede derivar en necrosis y amputaciones; los sabañones; el agravamiento de enfermedades respiratorias; un incremento del esfuerzo cardiovascular por la vasoconstricción que produce el frío y cuadros de deshidratación, muchas veces imperceptibles.
Pero las consecuencias no terminan allí.
Cuando el frío también provoca accidentes
El frío extremo deteriora la capacidad física y cognitiva del trabajador.
La pérdida de sensibilidad en las manos reduce la destreza para manipular herramientas; la rigidez muscular dificulta los movimientos; la fatiga disminuye la concentración y retrasa los tiempos de reacción. Todo ello incrementa el riesgo de cortes, atrapamientos, caídas y errores operativos.
A esto se suma la formación de superficies resbaladizas por hielo, la restricción de movimientos que genera la ropa de abrigo y el mal funcionamiento de herramientas o equipos expuestos a temperaturas extremas.
Es decir, el frío no solo enferma: también multiplica la posibilidad de sufrir accidentes laborales.
Medidas obligatorias que no aparecen
La legislación sobre prevención de riesgos laborales y los protocolos internacionales establecen una serie de medidas básicas para reducir estos peligros.
Entre ellas figuran el uso de un sistema de vestimenta por capas, pausas periódicas en ambientes calefaccionados, trabajo en parejas para detectar signos tempranos de hipotermia, hidratación con bebidas calientes, alimentación adecuada y capacitación específica sobre estrés térmico.
De acuerdo con las denuncias realizadas por los trabajadores, ninguna de estas medidas se implementó durante la jornada de este jueves, pese a registrarse una de las temperaturas más bajas del año.
Un problema de gestión
La persistencia de estas condiciones abre un interrogante inevitable: ¿cómo puede el propio Estado exigir a los empleadores privados el cumplimiento de normas de seguridad laboral cuando incumple las recomendaciones formuladas por su propio organismo de control?
La respuesta, por ahora, no llega desde el Ejecutivo municipal.
Mientras tanto, quienes sostienen servicios esenciales continúan desempeñando sus tareas bajo temperaturas extremas, con el riesgo de que el costo de la inacción oficial termine pagándose con enfermedades, accidentes o consecuencias mucho más graves.
Cuando las advertencias técnicas existen, las inspecciones fueron realizadas y los riesgos están plenamente documentados por la comunidad científica, dejar a trabajadores municipales enfrentando jornadas de -7°C sin calefacción ni protección adecuada deja de ser una simple deficiencia administrativa para convertirse en una responsabilidad política difícil de justificar.










